"El espíritu que tiene que reinar aquí tiene que ser un espíritu que únicamente vea lo positivo, lo bueno y amoroso de cada uno, porque es indiscutible que en cada ser vivo hay algo divino, positivo y amoroso. Concentrarse en esto, ocuparse con este lado de nuestra naturaleza da un gran conocimiento sobre la luz, da resplandor alrededor de cada mentalidad, llena cada mirada de sol."
Así habló Martinus el día de pentecostés de 1936, cuando izó por primera vez su bandera, mientras llovía a cántaros. Dos años antes no había ni bandera ni ningún edificio. En cambio, había mucho aire fresco y sólo unos pocos cientos de metros a la playa junto al Cattegat. Y una buena oportunidad para crear una escuela de verano y una colonia de vacaciones, donde los interesados en el trabajo alrededor de la ciencia del espíritu de Martinus pudieran reunirse y conocerse fuera de la temporada de conferencias en invierno.