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Capítulo 11
Las zonas de la espiral
En el capítulo precedente se ha puesto al corriente a los lectores del hecho de que la experiencia que los seres vivos hacen de la vida se realiza como un caminar – hacia adelante y hacia arriba – a través de una interminable y continuada serie de reinos de existencia. Asimismo, se les ha puesto al corriente del hecho de que estos reinos equivalen a la materia, sustancia o energía conjunta del universo. Es más, del mismo capítulo se desprende también que los reinos de existencia, a causa de la especial estructura de su energía, se manifiestan bajo la forma de seis categorías distintas, la primera de las cuales se conoce como «reino vegetal», la segunda como «reino animal», la tercera como «reino humano» y así sucesivamente. Todos los seres vivos, sin excepción, siguen esta línea evolutiva y pasan por estos seis reinos de existencia bajo la forma de una repetición que, de modo ascendente y constante, se dirige hacia la perfección. La evolución puede ser, por ello, comparada con una escalera interminable en la que cada reino de existencia forma un escalón, y seis «escalones» parecidos forman un escalón mayor que yo he designado como una «zona de la espiral».
      El hombre de la Tierra se encuentra en una «zona de la espiral» de este tipo, de modo que las tres zonas superpuestas y las tres zonas subyacentes forman un conjunto inseparable. Como la interacción entre estas zonas es una necesidad vital e indispensable para este hombre, no es por ello una casualidad que las energías básicas aparezcan en las zonas de la espiral. El modo de experimentar la vida de cada ser está condicionada por siete zonas de la espiral, es decir por la interacción de cuarenta y dos reinos de existencia. Espero que el lector comprenderá que, a causa de esta complejidad, en esta obra no puedo entrar en detalles y que debo remitirlo a «Livets Bog».* Sin embargo, quiero mencionar que las zonas de espiral subyacentes están pobladas por seres microscópicos cuyos reinos de existencia son activados en nuestro organismo, mientras que los seres de las zonas de espiral superpuestas son de naturaleza macrocósmica y muestran, bajo la forma de universo, este «organismo» en el cual contemplamos la luz del día, en el cual «vivimos, nos movemos y existimos».
 
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* Notas aclaratorias de la traductora: Martinus ha deseado que el título de su obra capital «Livets Bog», que significa El Libro de la Vida, no se traduzca y que en todos los idiomas se mantenga el nombre original danés.


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