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Índice de El destino de la humanidad   

 

 
Capítulo 16
El retorno de la energía
Con respecto a la supraconciencia, es importante mencionar el hecho de que ésta se presenta como el factor principal en la activación de la creación de todo destino. ¿Y en qué consiste la creación de destino? La creación de destino tiene lugar, desde un punto de vista cósmico, cuando la experiencia que un ser ha hecho de las consecuencias debidas a las causas que él mismo ha desencadenado se manifiesta de un modo concreto. ¿Desencadena, entonces, el ser vivo las causas de su propio destino? Sí, sin lugar a dudas. Como ninguna forma de experiencia de la vida puede existir sin ser idéntica a una interacción entre la irradiación de energía de dicho ser y la irradiación de energía de su ambiente, toda forma de experiencia será lo mismo que una recepción y una transmisión de energía. Como ninguna energía puede moverse en línea recta sino que debe moverse en círculo, todo envío de energía deberá ineludiblemente, más pronto o más tarde, volver de nuevo a su origen. Los distintos cuerpos constituyen pues, en realidad, una especie de aparatos transmisores y receptores de energía, y el tiempo que dicha energía tardará en regresar a su origen será de duración variada y dependerá de la naturaleza particular de las energías y de los obstáculos y aceleraciones a que ha sido expuesto. El yo activa, por medio de la supraconciencia, un envío de energías en forma de ideas, manifestaciones o productos que cuando regresan a su origen se desencadenan en forma del destino del individuo en cuestión, y es de este modo que los individuos cosechan como han sembrado. De este inmenso engranaje, el hombre de la Tierra conoce solamente la parte física, lo cual quiere decir el cuerpo físico y, hasta un cierto grado, sus funciones. Todas las otras funciones de su conciencia las expresa, en el mejor de los casos, como «funciones espirituales» pero la mayor parte de las veces las considera como «fantasía» y, en el peor de los casos, como «superstición» y cosas parecidas. Pero las funciones de la supraconciencia siguen, al margen de todo esto, su marcha según leyes y trayectorias eternas que ineludiblemente permiten a los seres vivos experimentar los efectos de las causas desencadenadas por ellos mismos para, finalmente y por medio de ello, activar su conciencia hacia el amor, la sabiduría y la bienaventuranza más elevada.
      Con esta pequeña ojeada a los análisis básicos del ser hemos sido testigos de que este ser constituye tres realidades inalterables: lo que experimenta la vida o «yo», «la capacidad creadora» del yo, y el principio «lo creado», es decir, sus experiencias o conciencia diurna.* Como hemos visto, estos tres principios son totalmente inseparables. Si uno de ellos no existiese, los otros dos serían algo imposible. Y como cada uno manifiesta un principio particular, el análisis cósmico del ser vivo se expresará como «un principio trino». Como ninguno de estos principios puede ser idéntico con el resultado de una creación, la inmortalidad del ser vivo se manifiesta, de este modo, como un hecho. La inmortalidad será paulatinamente experimentada por todos los seres vivos y, consecuentemente, también por el hombre de la Tierra, aunque hoy se oculte a su mirada.
      Con esto hemos tratado todo el material cósmico que he creído necesario para dar a los lectores los conocimientos previos que les ayudarán a poder comprender la explicación que sigue del destino material de la humanidad terrena, su salida del reino animal y su camino a través de la frontera que conduce hacia una existencia elevada y transfigurada.
 
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* Notas aclaratorias de la traductora: El individuo percibe y conoce por medio de su cuerpo físico y su psique, a esta función Martinus la llama conciencia diurna. Pero, en su estadio evolutivo todavía imperfecto, el ser vivo hace también experiencias en un estado del que no tiene conciencia y al que Martinus llama conciencia nocturna. La conciencia nocturna es este estado en el que el ser se encuentra cuando su cuerpo físico ha sido puesto fuera de función, cuando descansa; entonces, sus experiencias tienen lugar en el nivel espiritual, que existe más allá del nivel físico y de las experiencias hechas en él. Pero como la memoria del ser, que vive en el nivel físico, no se halla preparada para transferir recuerdos de la conciencia nocturna a la diurna, los seres que se hallan en este nivel no tienen ningún recuerdo de sus experiencias hechas con su conciencia nocturna.


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