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| Índice de El destino de la humanidad |
Capítulo 17
El ser vivo tiene una existencia eterna
Los lectores, por medio de los capítulos precedentes, han podido hacerse una idea de los hechos eternos, es decir del proyecto universal divino.
Al mismo tiempo, han podido ser testigos de que cada ser vivo es idéntico a una realidad eterna e indestructible.
Su indestructibilidad está a su vez basada en su actuación, que supone una interacción eterna e inseparable entre tres principios imperturbables, y que diverge de todas las otras cosas existentes por el hecho de no ser idéntica con el resultado de una creación y, como consecuencia de ello, por el hecho de no haber sido jamás creada y por lo tanto haber existido eternamente.
Como estos tres principios constituyen exactamente las tres condiciones que una cosa debe reunir para poder aparecer como «viva», todo ser vivo es entonces idéntico a «una cosa eternamente viva».
Esto quiere decir a su vez que el ser vivo constituye una realidad que siente, experimenta y se manifiesta en una existencia que dura eternamente o que experimenta la vida.
Sobre esta existencia eterna, el hombre de la Tierra no tiene ningún conocimiento consciente.
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