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Capítulo 19
El cerebro no es la sede definitiva de la percepción
Como he mencionado anteriormente, el conjunto de experiencias físicas del individuo tiene lugar mediante una interacción entre los seis cuerpos manifestantes del yo. Es en el sexto de ellos donde la memoria tiene su centro. Naturalmente es importante comprender que la memoria no tiene su sede en el cerebro físico como se supone corrientemente. Es evidente que, tanto para esta facultad espiritual como para todas las otras, existen centros en el cerebro pero éstos no son, en ninguno de los casos, la sede definitiva de estas facultades, sino que constituyen microórganos para la transformación o metamorfosis de energía física en energía espiritual. Energía espiritual es, desde un punto de vista físico, lo mismo que energía «eléctrica», y bajo esta forma se transfiere toda la energía física a los cuerpos espirituales que son, sin ninguna excepción, de naturaleza eléctrica; y solamente con esta naturaleza pueden estar conectados al yo. El hecho de que esto sea así se manifiesta también, entre otras cosas, por la circunstancia de que todos los órganos físicos para la percepción como la vista, el oído el olfato, etc., están, cada uno en particular, conectados con el cerebro por medio de un nervio. Si éste es cortado, la reacción física en los distintos órganos sigue teniendo lugar, es decir, las imágenes siguen creándose en la retina, el sonido sigue actuando sobre el tímpano, etc., pero el individuo no experimenta ninguna percepción en el órgano respectivo. Como cuando el nervio no ha sido cortado sucede exactamente lo contrario, es un hecho el que las reacciones se propagan desde los órganos a través del nervio. Éste es, por lo tanto, idéntico a un cable eléctrico. Pero una energía que puede recorrer un cable compacto sólo puede ser de naturaleza eléctrica, lo cual quiere decir, como hemos dicho anteriormente en un sentido absoluto, de naturaleza espiritual. Desde los órganos, las influencias físicas sobre los sentidos son transportadas, en forma de ondas eléctricas, a través de los nervios hasta el cerebro; desde allí, son ulteriormente transformadas en los distintos cuerpos espirituales bajo los que se agrupan en la estructura conjunta del yo. Es entonces cuando las reacciones se transforman en experiencias para el individuo.


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