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Capítulo 20
Los recuerdos y el cuerpo del recuerdo
El yo tiene un órgano especial para su facultad de experiencia del pasado. Éste es, como se ha citado anteriormente, el sexto cuerpo manifestante del yo. El reino de existencia en el cual este cuerpo una vez soportará la conciencia del individuo – del mismo modo que el cuerpo físico lo hace actualmente en el reino de existencia físico – no es un reino exterior como es el caso de todos los otros reinos de existencia sino que, contrariamente, está constituido por el propio mundo interior del individuo; lo cual significa la zona del conjunto de sus recuerdos. ¿Qué son los recuerdos? Con respecto a esta pregunta debo remitirme a «Livets Bog», pero, sin embargo, puedo decir que los recuerdos son lo mismo que «copias» de las experiencias del individuo. Por medio de la función conjunta del yo se produce el hecho de que toda experiencia deja tras de sí una huella en una materia específica apropiada a este fin. Esta huella se transforma en una «copia» perfecta de la correspondiente experiencia; dichas «copias» se pueden definir como detalles u «objetos» en un reino de existencia particular. Este reino de existencia constituye el sexto en una «zona de la espiral», y como cada percepción de este reino, o cada contacto con el mismo por parte del individuo suficientemente desarrollado, se percibe o experimenta como bienaventuranza, esta zona se define como «reino de la bienaventuranza». La sexta energía, o energía del recuerdo, es la fundamental en este reino. «Las copias» u «objetos» de este reino, es decir, los recuerdos, no pueden experimentarse con la ayuda de ningún cuerpo manifestante formado por las otras energías básicas, sino que solamente pueden experimentarse con ayuda del cuerpo del recuerdo.
      Mientras el cuerpo físico del hombre de la Tierra se encuentra en su estado de culminación, su cuerpo del recuerdo se halla, al contrario, casi en estado latente. Esto equivale a decir que dicho ser solamente ha alcanzado, en su camino evolutivo, la culminación de sus facultades de experimentación en el segundo reino de existencia de su zona de espiral, mientras que la culminación de sus facultades de experiencia, por medio del cuerpo del recuerdo, todavía se halla tres zonas de existencia de evolución hacia adelante. Por ello es comprensible que el hombre terreno sea, con respecto a la memoria, un ser latente y que, en consecuencia, sea incapaz de adquirir conciencia de los recuerdos relacionados con sus existencias anteriores. La experiencia que dicho ser tiene de la inmortalidad puede ser definida, en el mejor de los casos, como un bello presentimiento, un instinto, una teoría o una suposición. Pero del mismo modo que el individuo, en su camino evolutivo, ha llegado a un reino de existencia en el que el cuerpo físico puede soportar su conciencia, también llegará inevitablemente a este reino de existencia en el cual su cuerpo del recuerdo estará lo suficientemente desarrollado como para poder soportar su conciencia y, de este modo, lo pondrá en condiciones de recordar, en un estado de conciencia diurna despierta, su paso por los reinos de existencia antecedentes y su experiencia de ellos.


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