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Índice de El destino de la humanidad   

 

 
Capítulo 29
El purgatorio
Dado que los seres, para poder nacer en un nuevo cuerpo físico deben pasar por todos los reinos superiores de la espiral, aunque naturalmente bajo formas bastante elementales o latentes, las molestias tendrán lugar solamente en el primer reino después de la muerte o, incluso, sólo en la esfera inferior de éste. Esta esfera se conoce en el nivel físico bajo el nombre de «purgatorio» que, posteriormente, la superstición ha llamado «infierno». Esta zona se transforma en un lugar cuya transición, tras la muerte física, está unida a ciertas molestias para todos aquellos seres que han dado malos pasos; pero «el fuego eterno» y «la perdición eterna», atributos con los que la fantasía primitiva ha dotado a esta zona, no existen en absoluto. Esta zona puede llegar a ser muy desagradable, pero dado que las molestias solamente pueden existir como resultado de los propios malos pasos; dado que estas molestias simultáneamente – y supliendo a la existencia física – tienen como misión estimular al individuo a no dar malos pasos, a no suicidarse de nuevo, a no vivir de un modo no natural, es decir, son la guía para una vida perfecta, para el camino hacia Dios; y dado además que éstas solamente tienen lugar en una esfera muy limitada en relación con la amplitud de toda la zona espiritual que por su parte constituye un océano de luz y santidad, deben calificarse, en su análisis profundo, de bendición divina. Por todo ello, tampoco hay en realidad ninguna base legítima para llorar por la muerte o el paso al mundo espiritual de amigos o familiares, aún cuando esto suceda de un modo no natural.
      Si la persona fallecida tiene hijos u otros familiares que a causa de su muerte se hallan en un estado de necesidad, son los familiares y los amigos que le sobreviven los que, en contacto con la sociedad, deben tomar el sitio del difunto y remediar la necesidad. De este modo, «el difunto» atraviesa más fácilmente la zona molesta porque, precisamente en esta zona y hasta un cierto grado, está en relación con el plano físico y es aliviado del peso que le supondría ver la necesidad y la miseria, las lágrimas, las privaciones y la desesperación de los supervivientes.
      El hecho de entristecerse por la muerte, por el paso de los seres al mundo espiritual, es una manifestación primitiva de la conciencia y se basa en la ignorancia o desconocimiento de los hechos reales. A «los difuntos» se les alegra y se les apoya precisamente cuando no se les llora. Pensamientos buenos y afables dirigidos al «difunto» y amor verdadero con respecto a los que le suceden, es «el monumento funerario» más sublime y divino que se puede ofrecer a un individuo.


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