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| Índice de El destino de la humanidad |
Capítulo 3
El hombre exige pruebas
Para que la armonía perfecta pueda nacer en la Tierra, es necesario que la sabiduría eterna – la verdad absoluta sobre la vida – se revele de tal modo que esté en consonancia con los hechos absolutos de los que los seres, por medio del desarrollo de su inteligencia y de sus sentimientos, han tomado posesión.
Esta sabiduría ya no puede presentarse como un dogma, como una metáfora, una hermosa aventura sin ninguna raíz especial en las experiencias diarias, y de este modo solamente ser un asunto de fe; sino que debe presentarse como una realidad con arraigo científico en los hechos reales.
«La falta de religiosidad» de las generaciones modernas sólo es, en realidad, expresión de una «religiosidad» que no sólo exige la sabiduría eterna como principio absoluto de la existencia, sino que también exige un método de cálculo de este principio, de modo que dichas generaciones puedan acceder a él por sus propios cálculos y puedan integrarlo a su propio saber. Ésta es esa forma de «religiosidad» que conocemos bajo la forma de lo que llamamos ciencia moderna. Todos los hombres de ciencia son por ello, en un sentido absoluto, buscadores de la verdad. Esta forma de «religiosidad» se difunde entre el gran público por medio de escuelas y centros de enseñanza de todo tipo. A pesar de que no es frecuente ver las cosas desde este punto de vista, puede decirse que todo hombre que ha aprendido a hablar, todo hombre que puede sumar dos y dos, es un incipiente hombre de ciencia, un incipiente cultivador de sabiduría. Y es un hecho el que cuanto más evolucione esta forma de «religiosidad», tanto más debe disminuir una creencia que se basa en la fe ciega. La base de esta nueva transformación de la religiosidad hay que buscarla en una evolución acelerada – en el último siglo – de la capacidad de análisis del individuo; es decir, de lo que llamamos inteligencia. La inteligencia es el primer sentido por medio del cual el individuo puede llegar al conocimiento absoluto o al análisis de sus propias experiencias. Dado que los hombres de la Tierra son en su mayor parte objeto de experiencias físicas o materiales, son éstas las que por el momento constituyen el objeto más importante del que su inteligencia se ocupa. Por ello, es evidente que el primer conocimiento absoluto que la humanidad adquirió debió, necesaria y proporcionalmente, ser de naturaleza material o física. El hecho de que la ciencia moderna se manifieste como «física» o «material» significa solamente que quienes la cultivan, quienes la originan, aún no tienen las experiencias o vivencias espirituales suficientes para poder tratarlas con su inteligencia. Por ello son incapaces – en modo proporcional – de asimilar conocimientos espirituales al margen de lo grande que su inteligencia sea. Del mismo modo que se exigen experiencias físicas para producir conocimiento físico, también son necesarias experiencias espirituales para producir conocimiento espiritual. La ciencia moderna aún no es ninguna autoridad en el plano oculto o espiritual; sin embargo, en el futuro será lo que hoy todavía no es. Tras haber alcanzado la culminación del conocimiento físico surgirá el apetito del conocimiento espiritual. |
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