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Capítulo 30
La muerte como «resurrección»
El dolor a causa de la muerte y el terror a ella, como anteriormente se ha citado, son infundados. El individuo, además del cuerpo físico que pierde con la muerte, tiene otros cinco cuerpos. Y de este modo, la vida sigue su camino hacia regiones que se hallan en las áreas espirituales y que todavía son más perfectas para la existencia, mientras la preparación espiritual de la construcción de un nuevo cuerpo físico se halla en su proceso de activación. Cuando el desarrollo del feto del nuevo cuerpo físico ha llegado a su término y ha alcanzado la madurez necesaria para comenzar a sostener la conciencia, tiene lugar el nacimiento, y el individuo comienza de nuevo a adquirir conciencia en el nivel físico. El yo, encarnado en este nuevo cuerpo físico, tiene nuevamente capacidad de intercambio con el mundo físico; pero en vez de encontrarse en su cuerpo viejo y desgastado que abandonó con ocasión de su muerte física, se encuentra ahora – en tanto en cuanto su muerte y existencia espiritual hayan sido normales – en un cuerpo nuevo, ensalzado y consagrado a la juventud y la belleza, a la pasión y al amor, a la vida y el trabajo.
      Como la muerte, del mismo modo que el nacimiento, no puede existir sin significar el comienzo de una nueva vida, ésta será en todas las circunstancias lo mismo que «resurrección» o manifestación real del poder supremo del yo – que todo lo ilumina – sobre la materia; será manifestación de su poderío sobre la vida y la expresión visible de su eterna, sublime y divina indestructibilidad.


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