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Índice de El destino de la humanidad   

 

 
Capítulo 31
Los desequilibrios terrenos engendran evolución espiritual
La existencia eterna del hombre de la Tierra transcurre como una existencia alternante entre el nivel físico y el nivel espiritual. Como este ser todavía se encuentra – con respecto a su desarrollo – en el segundo reino de existencia de la zona de espiral, es decir en el mundo físico, el cuerpo físico será, como anteriormente se ha citado, el que estará más desarrollado, mientras los cuerpos correspondientes a las otras regiones del mismo circuito de circulación se hallarán, al contrario, en un estado relativamente incompleto o latente. Las existencias físicas son por ello las más fundamentales para este ser. Pero a medida que la evolución avanza, el nivel espiritual del individuo se acentúa. Como el cuerpo físico, en lo que respecta al hombre de la Tierra, ha sobrepasado su culminación con respecto a su desarrollo, los cuerpos que se hallarán en estado de crecimiento serán sus cuerpos espirituales. En este proceso de crecimiento, el cuerpo del sentimiento – o sede de las facultades del individuo cuya función es sentir o experimentar placer y malestar – será el más destacado. El cuerpo de la inteligencia – o sede de las facultades del individuo que definen estas experiencias de placer y malestar y que, a partir de ellas, crean un conocimiento – viene a continuación. La evolución de la humanidad terrena se basará, principalmente, en la evolución de los sentimientos y la inteligencia. Como el sentimiento sólo puede desarrollarse por medio del sufrimiento y la inteligencia por medio de la lucha por el pan cotidiano, la Tierra es sumamente apropiada para este desarrollo, considerando que sus habitantes, a causa de su nivel afectivo primitivo o relativamente latente, no retroceden ante el hecho de conservar su existencia, su placer y bienestar a costa del agotamiento, pobreza, enfermedad, dolor, privación y mutilación de otros seres, es decir, a costa del derecho a la vida de estos seres. En un mundo en el que el instinto de conservación de los seres se basa recíprocamente en un nivel afectivo de este tipo, solamente el más fuerte o más insensible o indiferente podrá por sí mismo alcanzar una posición física elevada, es decir, riqueza y autoridad material, mientras el menos codicioso y más considerado será necesariamente vencido y, como consecuencia de ello, será el esclavo del vencedor. Es por ello que la Tierra es escenario de muchas lágrimas, privaciones y dolor, situaciones caóticas, necesidad y miseria; es el campo en el que tiene lugar la batalla de los seres en torno a su presa. Pero como tales situaciones o incomodidades engendran en la humanidad un deseo creciente de condiciones ordenadas o armonía, y esto solamente puede existir bajo el aspecto de evolución espiritual, las huellas de una evolución tal comenzarán a encontrarse en la zona de la Tierra; pero para alcanzar condiciones ordenadas en el mundo es necesario conocimiento. Este deseo se manifiesta en gran parte como una atracción con respecto a todo tipo de información sobre los auténticos hechos de la vida y sus causas más profundas. El resultado más conocido y más real de esta evolución es, como anteriormente se ha dicho, «la ciencia».


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