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| Índice de El destino de la humanidad |
Capítulo 36
El individuo adquiere certeza en vez de presentimiento
El tipo de vida – o estado anímico – del reino animal puede expresarse como una lucha constante o una reacción entre dos energías básicas, siendo el carácter de la una expansivo y el de la otra condensativo.
Allí donde la última energía repentinamente se halla en cantidad menor, se produce forzosamente una explosión.
No puedo tratar detalladamente estos análisis porque alargaría demasiado este libro, pero quiero simplemente citar el hecho de que dichas explosiones, que tienen lugar en la vida interior de un ser, evolucionan ulteriormente, por medio de la vida consciente o las manifestaciones de estos seres, desde un carácter microscópico, que hace que estén al margen de toda observación por parte de los sentidos físicos, hasta llegar a adquirir dimensiones tan considerables que en el nivel físico se manifiestan de distintos modos, uno de los cuales es el ser las más profundas causas de la guerra, el terror y la mutilación.
Todos los tipos de sufrimiento se basan, analizados desde un punto de vista cósmico, en un exceso de energía del peso y una carencia de energía del sentimiento en la vida consciente.
Pero como el mismo principio que protege la mano por medio de callos también proporciona al individuo, tras repetidas explosiones o sufrimientos, la facultad creciente de servirse de la energía del sentimiento, este individuo adquiere de modo gradual mayor y mayor dominio sobre la energía del peso o explosiones (actitud furiosa o arrebatos de cólera).
Dichos arrebatos van haciéndose poco a poco menos violentos, más reprimidos, y una vida interior más y más sosegada comienza a manifestarse.
Pero como los individuos que se hallan en este nivel evolutivo tienen principalmente restos de la primera energía básica de la zona de la espiral, es decir, de «la energía del peso» para adquirir conciencia de su vida afectiva, esta adquisición de conciencia se manifiesta simplemente bajo la forma de «placer» y «malestar», y no bajo la forma de análisis detallados.
Por medio de la capacidad de servirse de «la energía del instinto», que en realidad equivale a «instinto», el individuo no puede definir sino solamente presentir.
Esto significa que sus razonamientos, elaborados por medio del instinto, no pueden originar análisis inteligentes ni conocimiento práctico y absoluto, sino solamente suposiciones, es decir, presentimientos.
Sin embargo, como la energía del instinto ya ha culminado tanto en el reino vegetal como en el reino animal, y particularmente está degenerando en el estadio humano de éste último, los presentimientos del individuo serán consecuentemente dudosos o erróneos.
Como un conocimiento que se basa en el presentimiento equivale a fe, todo tipo de creencia que se basa en presentimientos erróneos equivaldrá a superstición. Superstición equivale a un conocimiento erróneo de las experiencias de la vida o de la realidad. Pero como superstición supone un desequilibrio de la existencia, el principio creador del individuo, que como anteriormente se ha citado creó los callos para proteger su mano, y simultáneamente dilató sus facultades afectivas para que opusiesen resistencia a las explosiones de la energía del peso, ahora creará también un «callo» como defensa contra la superstición. Este callo es la facultad de servirse de la cuarta energía básica de la zona de la espiral, es decir, de «la energía de la inteligencia». Gracias a ella, el individuo va poco a poco adquiriendo la aptitud de confirmar o desmentir los presentimientos y, de este modo puede llegar a la posesión de análisis de hechos absolutos que, es lo mismo que conocimiento absoluto. La inteligencia es equivalente a la facultad del individuo de adquirir certidumbre en vez de presentimiento. |
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