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| Índice de El destino de la humanidad |
Capítulo 4
El conocimiento espiritual
¿Qué es el conocimiento espiritual?
El conocimiento espiritual es el análisis de las experiencias o las vivencias que son estimuladas por fuerzas que no pueden percibirse con los sentidos físicos comunes.
¿Pero, de qué tipo de fuerzas se trata?
Con esta pregunta llegamos al meollo de todo el problema religioso; porque dicha pregunta es idéntica al gran interrogante de la humanidad actual y que hasta la fecha aún sigue sin respuesta: «¿Qué es la verdad?»
¿Puede actualmente decirse algo sobre estas fuerzas?
No, la ciencia moderna no es capaz de responder a estos interrogantes.
Ésta está todavía, como se ha dicho anteriormente, en la zona fronteriza por lo que respecta a ellas; pero esto no excluye el hecho de que, sin embargo, a la humanidad le lleguen relatos sobre la existencia de dichas fuerzas.
La cuestión es que no todas las personas se encuentran en un mismo nivel evolutivo.
Del mismo modo que existen seres que se hallan a la zaga con respecto a la evolución de la ciencia moderna, existen también seres que le llevan ventaja, y que ya han tenido vivencias o han adquirido experiencias – o están haciéndolo – que se basan en las fuerzas espirituales.
Por ello, poseen un nivel de conciencia que los científicos y el resto de la humanidad aún no han experimentado; y estos nuevos niveles de conciencia, cuanto más tomen la delantera con respecto al nivel medio de la humanidad, tanto más extraños y fantásticos le parecerán.
Las fuentes de estos nuevos niveles de conciencia se mencionan con el nombre de «ocultistas». Un ocultista, cuando ha alcanzado un nivel de desarrollo tal que le permite percibir con la misma intensidad tanto en el plano espiritual como en el plano material, puede ser de gran utilidad para sus semejantes como consejero; porque es la manifestación de un ser que no solamente puede comunicarles el gran principio de la vida, sino también los métodos para calcularlo; de modo que sus contemporáneos poco a poco, y gracias a ello, puedan desarrollarse hasta el punto de «verificarlo» y, de este modo, hacer de este conocimiento un conocimiento propio. Los más destacados de estos seres ocultos se conocen bajo el concepto de «mesías» o «redentores del mundo». Dado que la mayor parte de la humanidad, en una época anterior, tenía una inteligencia o capacidad de análisis muy primarios, no exigía métodos para calcular el principio de la vida sino que el simple principio, en el que creía ciegamente, le era suficiente. Los redentores del mundo precedentes tenían, por ello, sólo la misión de dar a este principio una forma que pudiese apelar a esa capacidad que la mayor parte de la humanidad tenía de creer, no de comprender. Sus palabras eran ley; y las consecuencias de esto son las que hacen de los relatos religiosos dogmas. Hoy, un redentor del mundo debe no solamente comunicar el principio de la vida de una forma abierta, sino también mostrar un método de cálculo por medio del cual los individuos, a medida que su inteligencia y sus sentimientos vayan alcanzando un nivel de desarrollo suficiente, puedan verificar dicho principio y asimilarlo como una experiencia propia. Este método de cálculo es, simplemente, una serie de ideas con una relación lógica, y por medio de las cuales el más alto principio de la vida puede asimilarse no como objeto de fe, sino como objeto de conocimiento. |
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