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Índice de El destino de la humanidad   

 

 
Capítulo 42
Un sistema social imperfecto y primitivo
Los lectores se han adentrado tanto en la materia de este libro, que han llegado a tener conocimiento del hecho de que el conjunto de la humanidad terrena está especialmente formada por individuos con un nivel de desarrollo de un carácter tal, que hace que sus manifestaciones ordinarias sean dictadas o estén dirigidas más por primitivas tendencias de conciencia que por el amor perfecto, es decir, por una inteligencia y un sentimiento perfectos. Como las tendencias primitivas de la conciencia se manifiestan principalmente bajo la forma de odio, envidia, codicia, deseos homicidas, intolerancia, deseo de poder, etc., y como los efectos de dichas tendencias muestran precisamente algo que es totalmente lo contrario a las realidades que son la base exclusiva del régimen absolutamente perfecto, el destino actual de la humanidad terrena se plasmará necesariamente en una sociedad proporcionalmente primitiva, anormal e imperfecta. El conjunto de la humanidad terrena es, como anteriormente se ha citado, un «escenario guerrero» donde todos persiguen, hieren y matan. Un destino que muestra un estado semejante sólo puede identificarse con la culminación del sufrimiento. Pero como el sufrimiento desarrolla el sentimiento y la inteligencia de modo que ambos alcanzan una relación tan armónica que finalmente aparecen como «amor» absoluto, el amor se transformará paulatinamente en la base sobre la cual descansará la organización mutua de la sociedad humana terrena y, de este modo, estará en contacto con el precepto eterno que es el cumplimiento de todas las leyes.
      Como amor es, en realidad, la combinación del sentimiento y la inteligencia supremos juntamente con la intuición, y una combinación tal es lo mismo que «el espíritu santo», y la ciencia terrena actual es este espíritu en estado fetal; esta ciencia será el factor de gobierno y administración futuro en el gobierno venidero de la humanidad terrena. Sin embargo, hay que recordar al respecto que la ciencia, aunque hasta cierto punto aparece como algo luminoso, todavía está subordinada a las tendencias primitivas de la conciencia y es, en grado muy elevado, la servidora de dichas tendencias. El dominio de la inteligencia, o ciencia, por las tendencias primitivas de la conciencia es lo que ha podido engendrar realidades tales como los torpedos, las ametralladoras, las granadas, los gases tóxicos o, dicho en pocas palabras, todas las formas posibles de genialidades que fomentan la capacidad explosiva de la energía del peso o «el principio mortífero». El sentimiento y la inteligencia, cuando estén desarrollados, activarán la genialidad que fomentará «el principio donador de vida»; es decir «el amor» o la felicidad absoluta con una fuerza semejante.
      La ciencia, es decir, «la inteligencia» del conjunto de la humanidad, llegará paulatinamente a tal perfección que dejará de ser la servidora obediente de las tendencias primitivas de la conciencia y se transformará en la base de la sociedad, una base que lo ilumina todo y sin la cual una armonía absoluta o una paz duradera no pueden ser establecidas. Por ello terminaré con un breve esbozo de los factores que, en relación con lo dicho actualmente, se hallan en una evolución ascendente y que bajo el futuro gobierno científico, anteriormente citado, serán en un grado muy especial los dominantes.


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