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| Índice de El destino de la humanidad |
Capítulo 5
La redención del mundo
¿Cuál es, pues, este gran principio del que hablamos?
En realidad se trata de algo tan sencillo y simple que ya ha sido expresado a través de milenios bajo la forma de las palabras divinas que dicen: «Todo es muy bueno».*
Pero como este análisis sólo puede ser aceptado por las generaciones modernas si se presenta de forma científica, la explicación de dicho principio, por medio de una serie de ideas con una relación inteligente, será la parte central en la construcción de un nuevo concepto de destino, en la creación de una nueva cultura o una nueva redención de la humanidad.
Pero como una serie de ideas de este tipo, y relacionadas lógicamente, no puede llegar a ser una realidad sin una forma de revelación de las leyes eternas de la vida – de la inmortalidad de los seres vivos, de la identidad del universo como un «ser vivo», como una «auténtica divinidad», y sin el gran mandamiento: «Amaros los unos a los otros» como fuente de la armonía de la vida – el deseo de un análisis científico de dichos problemas constituirá, en realidad, esa «religiosidad» que los científicos y la gran multitud de personas no religiosas y librepensadoras de hoy, de modo inconsciente, representan.
La ciencia moderna, por su parte, está todavía muy lejos de poder cimentar el gran principio que dice: «Todo es muy bueno». Su zona de investigación es todavía demasiado limitada o local para, por medio de ella, poder hacerse una visión de conjunto del proyecto del universo. Dentro de esta zona no hay en realidad nada absolutamente terminado sino que, al contrario, se trata solamente de secciones o eslabones de este gran proyecto que lo abarca todo, en el cual se basa toda la composición del universo y la capacidad de los seres vivos de experimentar la vida. Pero dado que la ciencia todavía no puede ver más allá de dichos límites, y consecuentemente no puede ver el proyecto del universo, tampoco puede ver los detalles dentro de su propia zona de investigación como eslabones de este proyecto, sino que debe considerarlos como independientes, como terminados. Pero considerar cosas no terminadas como terminadas debe inevitablemente dar una idea falsa. Como una idea falsa es lo contrario a la realidad, la ciencia – en su etapa actual – llegará a la conclusión de que «Todo no es muy bueno». Como este razonamiento es la antítesis del hecho absoluto, de la verdad eterna que solamente puede expresarse por medio de las palabras divinas: «Todo es muy bueno», puede decirse que, hoy, la mayor parte de la humanidad vive en una ilusión. Ésta cree poder juzgar y analizar todas las cosas dentro de su zona actual de percepción, cuando la realidad es que en los continentes de la Tierra nada en absoluto es lo que parece ser para los sentidos físicos. Pero vivir en una ilusión debe, naturalmente, conducir a aquello que está en contraposición con el sentido de la vida, es decir, al sufrimiento en vez de a la felicidad. Y con ello hemos llegado a la causa fundamental del estado de sufrimiento de la humanidad y de su sombrío destino. ¿Pero, puede la humanidad llegar a comprender el proyecto del universo, puede llegar a actuar de acuerdo con él y de este modo estar en armonía con la vida? Sí, la humanidad va, sin lugar a dudas, por este camino. Esa «religiosidad» que exige que el principio de la vida se base en una serie de ideas – con una relación lógica – aceptables para una inteligencia y unos sentimientos evolucionados, ya ha conducido a la ciencia, y con ella a la humanidad, a la frontera física del universo. ____________ * Notas aclaratorias de la traductora: Se refiere a Gn. 1,31 «Y Dios vio todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno». |
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