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| Índice de El destino de la humanidad |
Capítulo 8
La ciencia se encuentra todavía en un estado «embrionario»
Cuando hablamos de seres faltos de «religiosidad», nos referiremos a las personas «religiosas de tipo intelectual» que exigen el conocimiento en vez de la creencia.
Estas personas son impulsadas hacia adelante por una necesidad creciente de saber; y «la religiosidad de tipo intelectual» es sostenida por una necesidad creciente de análisis de la vida y la existencia.
El resultado más conocido de dicha «religiosidad» es, como ya se ha citado anteriormente, «la ciencia», pero ésta sólo puede ser una «ciencia» en sentido absoluto si manifiesta el análisis de unos hechos; por ello, la ciencia actual es simplemente la respuesta incipiente – de tipo total – de la vida a los hechos eternos, es la revelación incipiente del principio de la vida que dice: «Todo es muy bueno».
Pero hay que tener en cuenta que se trata de algo incipiente y débil, de algo tan débil que la ciencia, en su trayectoria evolutiva, puede solamente calificarse de «feto, de algo todavía no nacido».
Sin embargo, esta misma ciencia es «el embrión» de algo inmensamente grande y elevado, de algo que constituye nada menos que un débil primer comienzo de esa realidad divina que citamos con el nombre de «espíritu santo».
¿Qué es «el espíritu santo»? Como espíritu es lo mismo que conciencia, y conciencia por su parte es sinónimo de sentir o experimentar la vida, «el espíritu santo» será, de este modo, lo mismo que «la experiencia santa de la vida». Como «santo» es lo contrario a imperfección, falsedad, deshonestidad y cosas parecidas, «la experiencia santa de la vida» será lo mismo que la «auténtica y honesta experiencia de la vida». Y como la suprema expresión de una experiencia tal sólo puede expresarse por medio de las palabras divinas que dicen: «Todo es muy bueno», «el espíritu santo» será lo mismo que la experiencia de la vida desde el nivel más alto de la existencia, es decir, la experiencia de la vida en contacto con el Padre eterno. Desde el punto de vista de estos análisis, no se puede negar que la ciencia terrena actualmente es el embrión de lo que llegará a ser en el futuro; a saber, «el consolador» prometido, «el espíritu santo» sin el cual el análisis absoluto de la vida nunca puede llegar a ser un hecho para los individuos. El hecho de que no sea corriente considerar la ciencia terrena desde este punto de vista, es decir, como expresión de religiosidad, se debe a la circunstancia de que dicha ciencia se basa única y principalmente en el análisis de experiencias materiales. ¿Pero, es que acaso existe otro tipo de experiencias? No, de hecho no existe ningún otro tipo de experiencias. Pero antes de poder dar a los lectores una idea sobre cuál es la respuesta a esta pregunta, debo desgraciadamente apelar a su paciencia, ya que con respecto a estas preguntas me veo obligado a moverme por zonas que en su mayor parte sólo son visibles para la visión cósmica y que, consecuentemente, se hallan fuera del campo de experimentación al que la mayor parte de la humanidad tiene acceso. Por esto, el contenido de este libro exige a la capacidad intelectiva de los lectores mucho más de lo que exige el contenido de otros libros que tratan de temas más fáciles. Pero yo, si debo limitarme a los campos que pueden ser aceptados por una inteligencia primitiva, no puedo dar una imagen veraz de un tema tan amplio como «El destino de la humanidad». Esperando que seré de más utilidad a los lectores si hago de mi libro un campo de trabajo, un campo de entrenamiento para sus facultades espirituales que si hago de él materia de lectura fácil y sentimental, he optado por lo primero, y voy a intentar esbozar la relación que existe entre la humanidad – y la ciencia que ella origina – y el conjunto de la materia universal y los reinos de existencia. Luego abordaré el tema de la ciencia y los límites del mundo físico. |
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