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| Índice de El camino al paraíso |
Capítulo 54
La relación entre los seres físicos y los espirituales y el contacto normal entre estos seres
Con respecto al contacto de los seres espirituales o no encarnados con los seres de la zona física, este contacto está reservado al periodo de sueño de los seres físicos.
Cuando el ser físico ha caído en un sueño profundo no está totalmente liberado de su organismo físico, sin embargo está liberado hasta el punto de que su uso para el intercambio está fuera de función, y, a continuación, el ser durmiente está en la zona espiritual como un ser medio espiritual.
Este ser, en su estado durmiente en la zona física pero con conciencia diurna despierta en la zona espiritual, tiene ahora la posibilidad de buscar contacto e intercambio con sus familiares, amigos y conocidos «difuntos», que están en el paraíso al que él mismo pertenece bajo su sueño normal.
Así mismo también puede ser buscado por aquellos «difuntos» de entre éstos que se encuentran en una zona paradisíaca superior.
Del mismo modo también puede él mismo buscar familiares y amigos «difuntos» que se encuentran en un paraíso inferior al propio.
De este modo, todos los que están unidos por simpatía o amor tienen la posibilidad de entrar en contacto en la zona espiritual.
Pero aquí el intercambio se limita a campos en los que los seres, como ya hemos dicho, es imposible que entren en conflicto o se peleen.
Sólo pueden sintonizar en campos que son paradisíacos, es decir, que estimulan la alegría.
En la zona física los seres pueden discutir en todos los campos, tanto en los campos en que ellos están inacabados o en los que son más o menos ignorantes como en los que están acabados o de los que tienen conocimiento.
Es por esto que en esta zona tienen tantas posibilidades de encontrarse con conflictos, riñas y guerras.
Esto es, por lo tanto, imposible en los diversos paraísos, a excepción de aquellos en los que los climas de pensamientos oscuros y mortíferos son sueños o paraíso.
Pero las situaciones que allí surgen sólo son imaginarias y, por consiguiente, artificiales y no verdaderas.
Que los seres físicos no puedan recordar con su conciencia diurna despierta su eventual contacto o intercambio de pensamientos con seres de la zona espiritual durante el sueño sólo se debe a que el funcionamiento de los correspondientes sentidos del recuerdo se interrumpe, tan pronto como el ser se despierta y adquiere conciencia física de sí mismo.
Este hecho es una necesidad vital para que el estado en que se experimenta espiritualmente bajo el sueño no se convierta en un obstáculo o molestia para la conciencia diurna física despierta o vida cotidiana de los seres y, con ello, para su evolución de animal a hombre.
Es por esto que la existencia espiritual sólo puede existir como paradisíaca.
Si los recuerdos sobre la vida física desdichada o el destino desventurado de los seres no pudieran dejarse fuera de su paraíso, la experiencia del paraíso sería imposible.
Y si los recuerdos de la existencia en el paraíso no pudieran dejarse fuera de la vida cotidiana física, ésta, con los contratiempos o estados oscuros de que el ser es objeto, se experimentaría como una desgracia más o menos grande en relación con las maravillas del estado de alegría y felicidad de la experiencia del paraíso.
Incluso los destinos físicos más hermosos se experimentarían como escalofríos mentales o un shock demoledor de todo el deseo de vivir, que sólo podría dar lugar a una melancolía y un hastío de vivir mortales.
Así se comprende una vez más la perfección del orden universal divino y la revelación de la omnisciencia, el amor y omnipotencia de la Divinidad.
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