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Índice de El camino al paraíso   

 

 
Capítulo 56
El camino de la vida o el camino al paraíso
Con esto hemos terminado nuestra pequeña y concisa visión de conjunto sobre el camino de la vida o camino al paraíso. Con esta visión de conjunto nos hemos dado una pequeña idea de cómo los seres tienen, durante un tiempo, que vivir necesariamente en dos mundos, el mundo espiritual, que es el más primario o importante y lugar para la experimentación de la vida y creación de todos los seres vivos, y el mundo físico como una esfera anexa de importancia vital, cuya materia es el material para que Dios con su creación transforme a los seres vivos de modo que se conviertan en semejantes a él. Sin esta materia toda creación de conciencia sería, como hemos visto, algo imposible. Por esto, es una condición vital para los seres vivos la encarnación durante un tiempo en esta materia para aquí, como también hemos indicado, poder experimentar cómo tiene que ser su modo de ser y cómo no tiene que ser, para que por medio de él se vuelvan capaces de experimentar y practicar ser uno con Dios. Las reencarnaciones o largas series de vidas físicas terrenas se muestran aquí como el camino grande y ancho de Dios que lleva a las más altas cimas de su propio paraíso, radiante y eterno, de omnisciencia, amor universal y omnipotencia. Aquí, en este sublime paraíso que todo lo irradia, hemos llegado al final del movimiento de todo tipo de vida hacia las cimas de la luz o al Padre eterno. En el universo físico no hay ningún ser vivo en absoluto que no vaya por este camino que lleva a este lugar divino para todos los seres. Este camino de la vida es inmensamente largo, pero hemos visto que todo se ha preparado con mucho cuidado para el caminante cansado que pasará por él. Aquí hay muchos albergues construidos en el mismo estilo alegre y feliz que la casa del Padre o paraíso del propio Dios, que es el objetivo de todos los viajeros que van por este camino divino. Aquí el afligido caminante e hijo de Dios puede pasar la noche, descansar y disfrutar de todo el calor y bienestar del amor paterno. Aquí puede reemplazar su desgastado y decrépito «medio de transporte» físico, de hecho puede obtener un equipo de viaje totalmente nuevo para poder, con nuevas fuerzas y nuevos ánimos, emprender una nueva etapa hasta el próximo albergue y, así, continuar de albergue en albergue el largo viaje hacia la gran revelación de la aventura de la vida, solución del misterio de la vida o enigma del universo. Las vidas físicas terrenas son las etapas de la marcha del ser vivo entre los albergues. Éstos corresponden, a su vez, a la existencia espiritual o estancia del ser vivo en el paraíso entre sus vidas físicas terrenas. Ya hemos visto lo que estos paraísos significan para el ser vivo. Aquí se le permite durante corto tiempo arrojar las pesadas cargas, penas y preocupaciones mentales, los sufrimientos y las fatigas y se le viste con su traje celestial de soberano, con la gloria luminosa de la paz, alegría y felicidad, al mismo tiempo que se ven cumplidos sus deseos de vivir la existencia hasta el momento más altamente soñada. Y así, tras haberse detenido en el amor del Padre y haber sido llenado de nuevos ánimos y haber recibido nueva fuerza divina, un nuevo organismo o medio de transporte, el hijo eterno de Dios puede emprender de nuevo el viaje por el mundo físico y recorrer la etapa hasta la bendición paterna en el próximo albergue. Y así continúa avanzando cada vez más por el largo camino cósmico de la vida hasta su morada definitiva, celestial y que todo lo eclipsa en casa de su Padre eterno y llega finalmente a ser envuelto directamente por su bendición y abrazo. Este recibimiento por la Divinidad de su hijo que regresa es lo que denominamos el gran nacimiento.


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