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| Índice de ¿Qué es la verdad? |
Capítulo 18
Porqué la humanidad ya no tiene necesidad de convertir a una figura semejante a Cristo en objeto de adoración y de fe
Lo que hoy va a salvar a la humanidad no es un nuevo objeto de adoración bajo la forma de un «ser en forma de Cristo», o un «mesías» a la antigua usanza; al contrario, «el intercesor, el espíritu santo» es lo único que necesita el hombre del siglo XX y los siglos venideros.
¿Qué significa, de hecho, que la humanidad tiene que ser salvada?
¿No significa, acaso, que debe ser liberada de algo que hoy constituye el mayor obstáculo para ella?
¿Y qué es lo que puede constituir el mayor obstáculo para una humanidad predispuesta para la intelectualidad o comprensión por medio de la inteligencia?
¿No es acaso el hecho de encontrarse envuelta en situaciones y acontecimientos drásticos, para los que no puede encontrar una explicación satisfactoria, lo que produce desequilibrio en su vida interior?
¿No es acaso aquí donde los hombres piden a voces liberación?
Pero, como esta humanidad no puede creer, no puede encontrar ningún tipo de satisfacción en la sabiduría y las narraciones de los otros cuando éstas son simplemente afirmaciones carentes de análisis y que no pueden ser controladas por la inteligencia.
Lo que puede salvar a esta humanidad son solamente los análisis o cálculos de las grandes respuestas a los problemas de la existencia o dogmas divinos heredados del pasado, de modo que su conformidad con la verdad pueda paulatinamente ser controlada con la luz de la intelectualidad o inteligencia.
Pero como un cálculo tal es, precisamente, lo mismo que «el espíritu santo» (éste no es un individuo concreto sino única y exclusivamente conciencia cósmica) se hace indispensable el cumplimiento de la promesa de Jesús sobre «el intercesor, el espíritu santo», que tenía que venir y enseñar a los hombres todas las cosas que anteriormente no podían comprender.
De este modo se comprende lo grave y necesaria que, en realidad, es su advertencia con respecto a los falsos profetas.
Precisamente ahora, en un tiempo en el que tantas personas, a causa de las circunstancias especialmente trastornantes y a causa de diversos desequilibrios nerviosos, caen en la fantasía o tentación de creer sobre sí mismos que son seres divinos especialmente elegidos, «mesías» o «cristos» que deben conquistar, cada uno por su parte, todo el mundo y, de este modo, ser «los auténticos salvadores de la humanidad».
A causa de esto, hay motivos suficientes para recordar las palabras de Jesús sobre todos aquellos que pretenden ser Cristo.
Es importante prestar atención a lo que ha dicho con respecto a «los últimos tiempos», es decir, esos tiempos que precisamente estamos viviendo en los que hay «guerra y rumores de guerra», en los que «naciones se levantan contra naciones», «el hermano traiciona a su hermano y lo entrega a la muerte y el padre entrega a su hijo; los hijos se levantan contra sus padres y los matan», o sea, «los últimos tiempos» en los que la dirección espiritual de los seres tendrá lugar por medio de la fe en un «rey» espiritual, un mesías o cristo y en los cuales una nueva «época mundial» va a tener su comienzo.
Se trata de unos tiempos en los que la dirección espiritual o moral de la humanidad va a cambiar y va a ser estimulada solamente por la fuerza del «espíritu santo», es decir, se trata de una época en la que la interpretación práctica de la ciencia humanitaria o del amor va a tener su comienzo.
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