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Capítulo 22
«Las nubes del cielo» y la misión de la redención de la humanidad
Estamos de acuerdo en que la continuación de la redención de la humanidad, bajo la forma descrita anteriormente, no puede tener lugar por medio de un ser de carne y hueso.
«La venida de Cristo» no puede ser la venida de un ser de este tipo.
Un ser así no puede «venir entre nubes» ni puede, «tal como el relámpago, surgir en oriente y brillar hasta occidente».
¿Qué es entonces lo que puede cumplir estas condiciones?
¿Se duda acaso de que lo único que puede cumplir las condiciones citadas debe seguir siendo lo que, precisamente, desde la eternidad las ha cumplido, a saber, «El Espíritu de Dios que aleteaba por encima de las aguas» cuando tuvo lugar la creación del mundo?
¿Qué otra cosa puede venir «entre nubes con gran poder y gloria»?
¿Quién duda de que ese «poder» y esa «gloria» que condujo a la creación de «Adán» y «Eva», a su iniciación en los misterios de la oscuridad y a su paso hacia su etapa evolutiva en la Tierra, en la que se han supeditado a la pura materia física y de un modo muy extenso dominan los elementos y que hace que puedan pesar y medir estrellas, conocer la velocidad de la luz, la órbita de los planetas y muchas cosas más, pueda continuar la creación o redención de la humanidad y llevar a esos mismos seres, a ese mismo «Adán» y «Eva» a dominar con la misma perfección los detalles psíquicos o espirituales?
¿Quién duda que la misión de la redención de la humanidad, y con ello la de la creación o evolución, sea hacer avanzar al ser vivo para que pueda experimentar las respuestas cósmicas a la vida, del mismo modo que actualmente está en condiciones de experimentar las respuestas que surgen del mundo físico o material?
¿Acaso el conocimiento de la órbita de los planetas y el saber cuánto pesa el Sol es más importante para el ser vivo que el conocimiento de su alma o de la identidad profunda del espíritu en relación con la materia?
El camino de este espíritu a través del espacio y el tiempo, ¿no es acaso tan importante como el conocimiento de la órbita de la Tierra alrededor del Sol y el conocimiento del lugar que el Sol ocupa entre las estrellas?
Si la redención de la humanidad ha conducido a ésta, a través de la creación y la evolución posterior hacia una situación en la que ha podido enriquecerse con este conocimiento sobre el Sol y las estrellas que se encuentran a millares de kilómetros, no sólo en el espacio sino también en el tiempo, ¿por qué no puede seguir haciendo evolucionar las facultades de los seres hacia una situación en la que puedan enriquecerse con el conocimiento de cosas y detalles sobre esa alma o espíritu que les es tan cercano y que vive en su propia carne y huesos?
¿Es acaso lógico suponer que al ser no le será dado un conocimiento que es condición absolutamente vital para la creación de un destino feliz, cuando hasta ahora le ha sido dado, con tanta abundancia, un conocimiento que es menos importante para su vida?
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