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Índice de ¿Qué es la verdad?   

 

 
Capítulo 26
«El intercesor, el espíritu santo»
Pero como lo que este hombre busca no son los dogmas ni las simples respuestas cósmicas que ya ha aprendido por medio de su fe infantil, sino al contrario los análisis de la misma verdad; no encontrará a este espíritu divino, «el intercesor» prometido en la Biblia – la nueva activación de la redención de la humanidad a través de «la venida de Cristo» como un profeta – como una persona en la que ciegamente tiene que creer, obedecer y a la que debe seguir, sino como una fuerza espiritual bajo la forma de la nueva ciencia. Esta ciencia se conoce en que trata únicamente de los análisis del amor, y en que estos análisis, que por sí mismos solamente pueden existir como una defensa universal de todo y de todos, constituyen un cálculo detallado del mismo misterio de la vida. Estos análisis muestran la existencia de la Divinidad, la inmortalidad del ser vivo y el ciclo de la vida, no como dogmas o simples resultados fundamentales sino, al contrario, como una serie de ideas de una coherencia tan lógica y perfecta que, por medio de ellas, se hace visible para la inteligencia y para la capacidad de comprensión del ser vivo evolucionado, que «todo es muy bueno»*, y que la vida es exclusivamente la manifestación de la existencia eterna de una Divinidad bajo la forma de amor. Además, esta ciencia debe mostrarle a la inteligencia que cada ser vivo experimentará esta visión, y que ningún ser vivo será jamás objeto de perdición o aniquilación. Esto tiene que demostrar el hecho de que el ser vivo es un hijo eterno del mismo origen de este proyecto divino y de este amor universal. Una ciencia tal o sabiduría solamente puede existir como el mismo «intercesor, el espíritu santo» lo cual quiere decir la esfera santa o perfecta que constituye la propia conciencia de la misma Divinidad, su propia manera de ver la vida y la existencia, el tiempo, el espacio y la eternidad. Manifestando su conciencia y sus pensamientos bajo la forma de «ciencia cósmica» revestida de palabras y frases materiales adecuadas al hombre intelectual de la Tierra, la Divinidad le ha dado a este hombre la posibilidad de ejercitarse en profundizar en sus pensamientos omnipotentes y que gobiernan el universo; le ha dado al investigador evolucionado la oportunidad de transformarse a sí mismo en una figura de la Divinidad a su «imagen y semejanza» de modo que pueda llegar a ser lo que Cristo expresa con las palabras «ser uno con el Padre».
 
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* Notas aclaratorias de la traductora: Se refiere a Gn. 1,31 «Y Dios vio todo lo que había hecho, y he aquí que era muy bueno».


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