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Capítulo 27
La misión del redentor del mundo en el pasado y en la actualidad
La aparición o manifestación de esta sabiduría en la esfera mental de la Tierra bajo la forma de palabras y frases, textos y discursos accesibles al ser altamente intelectual y sediento, es la nueva manifestación de «la venida de Cristo» por parte de la redención de la humanidad. El encuentro con esta «venida» divergirá del encuentro con «la venida» anterior, de modo que ésta hoy no tendrá lugar concentrándose en una persona sino, al contrario, reuniéndose en una fuerza espiritual que se manifiesta bajo la forma de la citada ciencia o sabiduría. El hecho de que esta ciencia cósmica o sabiduría no pueda introducirse en la esfera mental de la Tierra sin la ayuda de una persona es algo natural, pero cualquier persona que sea escogida por la redención del mundo para llevar a cabo esta misión estará tan compenetrada con ella que podrá mantener su persona en segundo término y, de este modo, darle a la sabiduría un lugar todavía más destacado. Esta persona sabe que lo más importante de su misión no es crear una religión o una secta en la que su persona sea un «rey» espiritual que todo lo domina a semejanza de anteriores redentores del mundo, ni unos feligreses que crean ciegamente en ella. Este ser está totalmente de acuerdo en que todos los seres que todavía tienen la facultad de creer y que solamente pueden ser dirigidos gracias a esta facultad, no pueden recibir una ayuda mejor y más divina que la que la redención de la humanidad ha dado al mundo a través de las religiones mundiales todavía hoy imperantes.
      Para los respectivos seguidores de estas religiones, no existe un «objeto de fe» más divino que, precisamente, el origen de su religión; en otro caso, la Providencia se habría equivocado y los seres en cuestión habrían sido totalmente engañados. Pero los hechos muestran que la redención del mundo, con estos «objetos de fe» o esta abundancia de seres divinos, es capaz de conducir a los seres, a través de los estadios de la fe, hasta esa etapa en la que sus facultades intelectuales exigen saber en vez de creer; y es a causa de esto que la actual redención del mundo no le da a la humanidad un nuevo objeto de fe o de adoración. Ese ser por medio del cual la redención se expresa o manifiesta hoy estará totalmente de acuerdo en mantener su persona en segundo término en beneficio de la creación de esa alta sabiduría que se ha encarnado en él. Sin esta creación, los no iniciados no tendrían ninguna posibilidad de compenetrarse con los altos análisis cósmicos y, de este modo, satisfacer su sed espiritual o cósmica. Esta posibilidad solamente puede crearse revelando «los análisis cósmicos»; es por ello que esta revelación debe ser aquello que, en la nueva manifestación de la redención del mundo, sobresalga con su brillo por encima de todo. Esta manifestación divergirá, por ello, de todas las anteriores. Mientras lo fundamental de esas manifestaciones anteriores era dar entrada a una persona cualificada espiritual o cósmicamente y a cuya simple presencia y consejos morales uno podía confiarse en tanto fuese totalmente incompetente con respecto a lo que se refiere a pensamiento y comprensión cósmicas, lo fundamental de la redención del mundo de hoy no es en absoluto introducir una persona a la que los hombres puedan entregarse ciegamente – y sólo en virtud de la fe –, sino dar exclusivamente entrada a la investigación de «la ciencia cósmica» y a la experimentación de esta ciencia como realidad implantándola o situándola en la propia vida cotidiana. Mientras la redención del mundo tenía como misión, en el pasado, dar a los seres incompetentes intelectualmente un «guía espiritual» (un rey) en cuyas manos podían totalmente poner su destino – dado que se hallaban en un estado de desamparo espiritual o cósmico –; la misión actual de la redención del mundo es ofrecerles – en vez de un «guía» o un «rey» – un completo «conocimiento cósmico», en virtud del cual ellos mismos podrán, en adelante, guiar su destino. Los seres ya no son incompetentes intelectualmente, tanto la inteligencia como los sentimientos están muy desarrollados en los hombres modernos avanzados; simultáneamente, muchos de estos seres también tienen intuición. De este modo, los hombres modernos están equipados, por medio de la investigación material, la ejercitación de la función intelectual y la creación mental, para poder comenzar a tomar posesión del «pensamiento espiritual» o «cósmico» y de este modo hacerse paulatinamente a sí mismos más idénticos con «la conciencia de Cristo» que, por sí misma, es la luz o «el camino, la verdad y la vida». Y conforme van adquiriendo esta conciencia o estado mental, ya no necesitan ningún asesor o «guía» espiritual. No es, pues, un «rey» espiritual o cósmico lo que los seres de hoy buscan sino, al contrario, el desarrollo de la facultad de emanciparse y ser su propio «guía». El ser busca exclusivamente satisfacer su sed de independizarse y ser totalmente libre en el ámbito «cósmico» o espiritual del mismo modo que, desde ya hace mucho tiempo, se ha transformado en un ser libre e independiente por lo que respecta a su pensamiento en el ámbito material o físico.


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