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| Índice de ¿Qué es la verdad? |
Capítulo 30
La verdad, la vida o la realidad, es una corriente eterna de amor
En un momento determinado, cuando el ser menos se lo espere, éste experimentará el hecho de ver a un «Cristo transfigurado por una luz celestial y brillante como el Sol» que le viene al encuentro y toma totalmente posesión de su cuerpo tanto físico como espiritual.
Pero lo más divino de esta experiencia es que este «Cristo», extraño y resplandeciente, no es ningún ser desconocido sino «su propio yo espiritual bajo su forma de manifestación más elevada».
El ser ha adiestrado a este «yo» a través de las distintas vidas en la Tierra a vivir los ideales de la redención del mundo de una manera tan perfecta que él mismo se ha transformado en una «figura» o «imagen de cristo» materializada, brillante y centelleante en el ámbito espiritual.
Sin embargo, es importante remarcar que si el ser en su caminar hacia la experiencia citada o iniciación, se hubiese adiestrado, a través de sus distintas vidas, con «los ideales budistas» o «mahometanos», el ser aparentemente extraño y brillante (es decir, su propio yo en su forma de manifestación más elevada) que respectivamente habría tomado forma, habría sido una figura brillante y resplandeciente de «Buda» o de «Mahoma».
Y con este encuentro divino con su propio yo, llegado a la perfección bajo su forma de manifestación más elevada, el ser experimenta, de algún modo, esa iniciación o proceso espiritual que yo en mi obra principal «Livets Bog» llamo «el gran nacimiento».
Con esto, el ser ha terminado su ciclo a través de la oscuridad y, en un estado físico de conciencia diurna despierta en la Tierra, ha entrado en el cielo.
El ser se ha transformado en una residencia o en un canal perfecto para «el Espíritu divino», se ha transformado en un «cristo», ha llegado a ser «uno con el Padre».
El ser ha seguido «el camino», ha experimentado «la verdad» y, así, se ha transformado en «uno con la vida» o «uno con el Padre».
Y a través de su alma y su ser brilla el torrente espiritual de Dios sobre los planetas, los mundos y las humanidades que se hallan en nuestro camino celestial.
Al margen de espacio y tiempo, hacia adelante a través de toda la eternidad, centellea nuestro propio camino.
El hijo de Dios se ha hecho, en verdad, visible aquí «entre nubes con gran poder y gloria».
La respuesta a la gran pregunta ¿Qué es la verdad? es, pues, una aventura de la vida real, una narración sobre la relación entre un Padre eterno y un hijo también eterno. Como esta relación es la vida real y ésta es un camino infalible para hacer experiencias, y dichas experiencias son un camino asimismo infalible hacia la verdad, y la verdad es experimentación de la Divinidad y, con ello, experimentación de la más alta o auténtica identidad del ser como «uno con esta divinidad», y este ser, con su identidad de hijo de Dios es el creador del tiempo y del espacio o señor eterno de la eternidad, «la verdad eterna» es, de este modo, una revelación inalterable de que la vida, la existencia o esta relación, anteriormente citada, entre el Padre y el hijo, entre la Divinidad y el ser vivo, es una corriente eterna de amor. |
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