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| Índice de ¿Qué es la verdad? |
Capítulo 6
El rey era la más elevada manifestación de la Divinidad a la que se tenía acceso
El rey tenía plena conciencia diurna* de su identidad porque era un ser iniciado y se experimentaba a sí mismo como «el camino, la verdad y la vida» y, como consecuencia de ello, como «uno con el Padre».
Ante nosotros tenemos el hecho de que la primera revelación fundamental de la verdad en la Tierra tuvo lugar no bajo la forma de análisis científicos o intelectuales sino, muy al contrario, bajo la forma de un ser de carne y hueso, ennoblecido por medio de la evolución y la iniciación.
Este ser llevaba en su corazón y en su cerebro, como conciencia diurna, el análisis del universo y del ser vivo bajo la forma de una «imagen de Dios» que sus contemporáneos, que eran menos intelectuales y más sencillos, pudiesen comprender y aceptar.
Esta «imagen de Dios» constituye lo que en principio y fundamentalmente se ocultaba bajo el concepto rey, y los seres que percibían «la imagen de Dios» bajo la resplandeciente figura del rey, eran su pueblo, sus súbditos.
Y esta identidad tan sublime de ser divino era la que las insignias reales (el cetro, la corona y la capa) representaban.
Los atributos reales eran solamente un ropaje simbólico y exterior de la naturaleza divina. Bajo este símbolo altamente material y externo se ocultaba un ser cuya conciencia, en estado despierto, tenía conocimiento pleno de la alta y absoluta verdad que la citada investidura significaba. Y sólo quien poseía esta cualidad espiritual, o cualificaciones, podía ser el rey legítimo. El rey, bajo ésta su más alta y auténtica manifestación, no era única y simplemente un despliegue visible de pompa y lujo materiales, tal como, en mayor o menor grado, ha sucedido con los posteriores portadores del manto real, el cetro y la corona. El auténtico y legítimo portador de los símbolos reales era una fuente de la que emanaba la luz de la verdad, un fuego ardiente portador de vida y calor, una corriente eterna de amor, y todas las cualidades que de aquí se desprendían : sabiduría, justicia y humildad. Es por todo esto que las palabras de Jesús a Pilatos, cuando se define como «rey» en virtud de su relación con la verdad y con todos aquellos «que escuchan su voz» porque «son de la verdad», tienen sentido. Jesús, en realidad, expresó ante Pilatos que él era «el rey por excelencia» y que quienes estaban en la verdad y escuchaban su voz eran sus «súbditos». Él era, y sigue siendo, la suprema autoridad para estos seres; es la imagen, o revelación, de Dios visible y más elevada a la que tienen acceso. Los siglos sucesivos han confirmado plenamente el hecho de que las palabras de Cristo a Pilatos sobre su propia dignidad real y la aceptación, por parte de éste de esta dignidad de Cristo, no eran vanas fantasías sino realidades. Millones y millones de sus «súbditos» han dado durante toda su vida testimonio de este «rey», incluso muchos años más tarde de la muerte física de éste. Una generación tras otra ha adorado a este auténtico «príncipe» espiritual y se ha arrodillado con la mayor veneración para invocarle. El conocimiento de Cristo se les dio con la leche materna, y él estuvo en sus pensamientos y dio forma a su vida cotidiana, fue su consuelo y su ayuda en el momento del dolor, fue su punto de apoyo y su alegría en los momentos felices, y su nombre estuvo en sus labios cuando, en el momento de la muerte, dieron el último suspiro. En verdad, con esto somos todavía testigos de la relación entre un «auténtico rey» y su «pueblo». ¿Y no es acaso la misma veneración total y sublime, la misma devoción espontánea y la misma sumisión confiada a la verdadera «dignidad real» o autoridad divina y espiritual, la que también ha hecho de Buda y Mahoma unos «príncipes» de grandes territorios espirituales de la Tierra? Estos tres seres divinos: Cristo, Buda y Mahoma, ¿acaso no son todavía hoy «los reyes» más poderosos e indiscutibles? ¿Qué rey terreno actual representa, solamente de un modo aproximado, la misma y absoluta dignidad real, es decir, la misma calidad y autoridad espiritual? ¿Y cuál de los reyes actuales seguirá, tras su muerte física, rigiendo, gobernando y dirigiendo su pueblo durante miles de años, tal como lo hacen estos guías cósmicos de la humanidad o auténticos reyes? Estos seres cósmicos fueron los últimos soberanos que fueron auténticamente reyes dentro de la historia de la evolución de la humanidad. Fueron los últimos de una serie de seres que, en mayor o menor grado, han vivido como encarnaciones de redentores de la humanidad y, a causa de ello, como encarnaciones de la verdad absoluta; en virtud de esto, estos seres habían sido iniciados para ser guías soberanos de la humanidad. Todos ellos eran en mayor o menor grado «el camino, la verdad y la vida». ____________ * Notas aclaratorias de la traductora: El individuo percibe y conoce por medio de su cuerpo físico y su psique; a esta función Martinus la llama conciencia diurna o estado despierto. Pero en su estadio evolutivo todavía imperfecto, el ser vivo hace también experiencias en un estado del que no tiene conciencia y al que Martinus llama conciencia nocturna. La conciencia nocturna es ese estado en el que el ser se encuentra cuando su cuerpo físico ha sido puesto fuera de función, cuando descansa; entonces sus experiencias tienen lugar en el nivel espiritual, que existe más allá del nivel físico y de las experiencias hechas en él. Pero como la memoria del ser, que vive en el nivel físico, no se halla preparada para transferir recuerdos de la conciencia nocturna a la diurna, los seres que se hallan en este nivel no tienen ningún recuerdo de sus experiencias hechas con su conciencia nocturna. |
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