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Índice de ¿Qué es la verdad?   

 

 
Capítulo 8
El rey actual ya no es el soberano del pueblo sino su súbdito
Los hombres, el pueblo, han superado actualmente las primeras formas de primitivismo y pueden comenzar a ser, ellos mismos, «el camino». Han alcanzado, a través de sus vidas, tanto conocimiento sobre el mundo físico, han hecho tantas experiencias y han alcanzado tantos conocimientos, que ellos mismos pueden comenzar a redactar leyes y artículos para la existencia física, para la justicia y el humanismo. Hasta un cierto grado, han desarrollado una aptitud que solamente poseía el antiguo «rey iniciado». Es evidente que unos hombres que paulatinamente han ido evolucionando, en mayor o menor grado, hasta el punto de legislar y tomar medidas de tipo humanístico en todos los campos, de ningún modo estarán dispuestos a someterse a un soberano material, a un ser que, tal como «el rey iniciado», limite y ordene y que además no tenga en cuenta lo que el pueblo sabe y puede hacer. Esa soberanía y ese poder y voluntad absolutos del rey iniciado, que eran tan buenos y estaban tan llenos de bendiciones para un pueblo que todavía no tenía aptitudes intelectuales especiales y que por ello necesitaba el poder real, serían hoy, y en grado proporcional, causa de desgracia y represión. De hecho, la situación no cambiaría aunque «el rey» fuese un «ser iniciado» tal como los primeros «reyes». El hombre se ha ido alejando paulatinamente del instinto religioso, en virtud del cual tenía la capacidad de «creer» en «el rey» y rendirle culto, adorarlo y simplemente no poder prescindir de él porque satisfacía totalmente su hambre religiosa. Actualmente, la humanidad ha adquirido una inteligencia tan predominante que ha dejado al instinto religioso fuera de juego, y los seres ya no pueden «creer en el rey»; de hecho, ya no pueden «creer» en leyes cósmicas ni en tradiciones. Y como su inteligencia, a pesar de ser excelente, no puede solucionar los misterios de la vida o la más alta verdad espiritual, se hallan incapacitados para aceptar la sabiduría suprema. ¿Qué van a hacer unos seres semejantes con un «rey» del tipo aquí citado? Lo único que en este caso puede ser necesario y fructífero es el camino de la experiencia. Y hoy, la humanidad hace también experiencias de modo copioso. Los violentos cataclismos que actualmente asolan la Tierra, ofrecerán tales evidencias a la capacidad de comprensión de los seres que éstos podrán llegar a saber lo que es «bueno» y lo que es «malo», y podrán dirigir su voluntad de acuerdo con este conocimiento. Pero una revelación tal de saber en la Tierra, una creación tal de hechos significativos en favor de la verdad, el humanismo y el amor al prójimo, no habría podido jamás tener lugar o ser activada si la humanidad hubiese continuado siendo regida por «reyes iniciados». Su autoridad y su poder habría sido la garantía de que no habría habido ni guerra, ni terror, ni la muerte y la mutilación que ocasionan, y a la humanidad se le habría impedido tener, por experiencia propia, ese conocimiento de la oscuridad que transformará la sabiduría o luz en un hecho científico. A medida que la humanidad maduraba para poder experimentar los fenómenos de la oscuridad, el poder material del «rey iniciado» debía ir cesando; en caso contrario, habría sido un impedimento para que los seres continuasen en su vía evolutiva o cumpliesen el plan divino que hará al ser humano un ser a «imagen y semejanza de Dios». Simultáneamente, «el reino del rey iniciado» dejó de ser de «este mundo». «Los reinos» de este mundo debían ser regidos por el pueblo. Es cierto que siguió habiendo «reyes», pero tuvieron necesariamente que transformarse paulatinamente en «súbditos del pueblo». Como regla general, el principio material de gobierno o poder no se encarnará más, como soberano, en un individuo concreto o un «rey» de la Tierra. El plan evolutivo divino ha conducido a la humanidad, incluidas las masas, hasta un punto tan avanzado de dominio y conocimiento de las cosas materiales que estas masas o pueblo necesariamente ya son, o serán, la autoridad absoluta tras cada «rey», tras cada jefe de gobierno, y «el reino» que un «rey» de este tipo gobierna es un reino que es totalmente de «este mundo». El pueblo mismo es «rey» en este reino. Esta separación de la dignidad real material y la dignidad cósmica o espiritual del ser iniciado comenzó a ser perceptible cuando los atributos reales comenzaron a ser llevados por seres que no eran «iniciados» y que tenían los defectos de los humanos, sus imperfecciones y sus vicios, sus lados buenos y sus virtudes. Simultáneamente, «los seres iniciados» comenzaron a presentarse sin corona, cetro, ni capa real.


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