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| Índice de ¿Qué es la verdad? |
Capítulo 9
La manifestación de la verdad por parte del principio redentor del mundo ha entrado en una nueva fase
Pero estos últimos seres aún eran, por naturaleza, «reyes».
Su dignidad real no era una vestidura exterior formada por oro y oropel, corona dorada, cetro, manto, etc., y que les había sido dada por el pueblo, sino una madurez espiritual, una iniciación cósmica en los misterios de la vida que les permitió ser guías supremos de la vida del pensamiento o de la conciencia con respecto a toda forma de experiencia de la vida.
Estos «reyes» no lo eran por razones familiares o a causa de la voluntad del pueblo, tal como «los reyes» modernos lo son hoy, sino que eran «reyes» en virtud de una estructura espiritual y orgánica que solamente da la evolución, que solamente da el haber pasado totalmente «la zona del principio mortal», con el consecuente sometimiento de éste.
Eran «reyes» porque manifestaban un tipo de vida en el que la verdad absoluta se había encarnado como conciencia diurna, y con ello habían sido constituidos como soberanos por la naturaleza.
Y en virtud de esta soberanía seguían siendo «reyes», pero su «reino» había dejado de ser un «reino de este mundo».
Y la manifestación de la verdad al pueblo, por parte del principio redentor del mundo, había entrado en una nueva fase.
Esta manifestación ya no debía seguir mostrándose o materializándose como un poder físico e intelectual que todo lo dominaba.
Ya no debía seguir encarnándose como un ser de carne y hueso que podía tomar al pueblo – ciego intelectualmente – por la mano y, con su visión más o menos intelectual, conducirlo hacia adelante por el camino de la vida hasta que éste alcanzase una visión intelectual tan avanzada que por sí mismo pudiese ver las señales materiales del camino y con ello hacer al «rey», o «guía espiritual», superfluo.
De este modo, el pueblo ha llegado a ser «uno con el camino». Pero «el camino» no es la experiencia total de la respuesta a los misterios de la vida. «El camino» es, como acabamos de ver, solamente la primera fase en la iniciación a la vida o asimilación de estas respuestas, o «verdad absoluta». Esta «verdad» no puede alcanzar su perfección en la conciencia del ser por el simple hecho de ser la enseñanza de un «rey» o la narración de la experiencia de otro ser; sino que también debe ser su experiencia propia de la estructura de la vida bajo la forma de hechos o experiencias concretas e inalterables. Sin experiencia propia de los detalles de esta estructura, es imposible la experiencia de la verdad absoluta. Es por ello, que la tarea de «los reyes iniciados» ha sido dictar y organizar la vida material del pueblo en contacto con dicha estructura, hasta el momento en que éste, por deseo interior e iniciativa propia, sienta hambre y necesidad de comprobar por sí mismo los hechos. Los humanos se hallan hoy tan avanzados en esta fase que «el rey» ya no es ni su asesor ni su guía material y espiritual. Actualmente, la autoridad indiscutible es éste o aquél doctor o profesor. El hecho de que surjan cada vez más escuelas, universidades e institutos científicos y en ellos se formen estas autoridades científicas o personalidades por millares, explica el que la multitud desee cada vez más transformarse en «el camino» y, en grado correspondiente, hacer superfluos los dictados o dirección del «rey iniciado» por lo que respecta a este «camino». El ser actual ha traspasado el umbral de una nueva fase por lo que se refiere a la experiencia de los misterios de la vida. Ésta es la segunda de las tres fases de la revelación de la verdad o iniciación. |
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