Lee y busca en El Tercer Testamento
   Apdo.:  
(1-288) 
 
Búsqueda avanzada
Véase el símbolo nº 4 en nueva ventana    

 

La intolerancia como "el mayor guardián del umbral". El individuo intolerante como representante del reino animal. La ilusión como causa de la intolerancia. El factor determinante tras la voluntad del individuo. El modo de ver las cosas, la inteligencia y el sentimiento  159. La intolerancia procede de las tendencias animales de la conciencia y constituye "el mayor guardián del umbral". Cada individuo que manifiesta intolerancia es un representante del reino animal, lo cual quiere decir que, en realidad, todavía forma parte del reino al que pertenecen las fieras, los reptiles y los anfibios.
      Por intolerancia se sobreentiende que un ser desencadena su indignación u odio contra otro ser porque éste tiene otra opinión, otro concepto de la vida, otros ideales y, por consiguiente, otro modo de actuar que él mismo. Y cuando esta indignación es desencadenada, se debe en gran medida a una ilusión de quien la desencadena, ya que éste no considera su animosidad o el modo de actuar que ésta ha originado como intolerancia, sino al contrario como manifestación de una ira o indignación justificadas, incluso directamente "santas" y, por consiguiente, como "justicia". Esta "ilusión" se convierte, de este modo, en el factor determinante tras la voluntad del individuo en cuestión y, por lo tanto, de su modo de actuar. La voluntad del individuo no es, pues, la suprema instancia que dicta su modo de actuar sino, en cambio, las fuerzas espirituales o de la conciencia tras su voluntad que culminan en lo que llamamos "opiniones". Las opiniones del individuo se transforman, pues, normalmente en el dictador de su voluntad. Pero como una opinión puede ser verdadera o falsa, o bien mostrarse con una escala con diversos estadios entre estos dos puntos extremos que, a su vez, pueden calificarse como "realidad" e "irrealidad", el desencadenamiento de la voluntad del individuo será dictado, de modo correspondiente, de una manera más o menos verdadera o falsa conforme al lugar que ocupen sus opiniones en dicha escala. Como estas fuerzas de la conciencia son idénticas a la causa básica, o suprema instancia, que da lugar a la creación de la voluntad del individuo y, por consiguiente, a su modo de actuar, es de suma importancia que éste esté al corriente de estas fuerzas que dirigen la voluntad, ya que de esta manera podrá juzgar el modo de actuar de su prójimo a partir de su verdadera base cósmica y, en virtud de esto, llegará a ser tolerante y comprensivo. Y es precisamente con respecto a esto que en el presente capítulo hemos tratado de darle al buscador de la verdad una primera visión de conjunto aproximada de dichas fuerzas. A estas fuerzas las hemos designado con anterioridad como "inteligencia" y "sentimiento". En el símbolo n.º 3 hemos visto, así mismo, cómo estos dos factores crean tipos de seres particulares según su combinación especial en la conciencia de los seres en cuestión. Hemos visto, por consiguiente, cómo dichos factores pueden combinarse de tres formas distintas, la primera de ellas muestra una inteligencia y un sentimiento con la misma capacidad, la segunda demasiado sentimiento en relación con la inteligencia y la tercera demasiada inteligencia con respecto al sentimiento. Hemos visto estas tres formas en dos zonas evolutivas, una de las cuales está un poco más avanzada que la otra. A estas dos zonas las hemos llamado grupo A y grupo B, y las tres formas en que se puede presentar la combinación constituyen las tres categorías nombradas de cada grupo. Así hemos visto cómo la especial relación que hay entre la inteligencia y el sentimiento de los individuos influye en su conciencia y modo de actuar, de manera que precisamente hemos podido separarlos en dichas categorías y subcategorías.


Comentarios pueden mandarse al Martinus-Institut.
Información de errores y faltas y problemas técnicos puede mandarse a webmaster.