Lee y busca en El Tercer Testamento
   Apdo.:  
(1-288) 
 
Búsqueda avanzada
   

 

Mi horizonte de percepción cósmica  21. Vi que era un ser inmortal y que todos los demás seres de la existencia eran realidades eternas que, igual que yo, tenían tras sí una serie infinita de vidas que habían experimentado con anterioridad, que todos habíamos evolucionado desde formas bajas y primitivas de existencia hasta nuestro estadio actual, y que éste sólo era un eslabón provisional de esta escala evolutiva, y que de este modo íbamos de camino avanzando en dirección a lejanas zonas de existencia cuya forma alcanza cimas gigantescas. Vi que el universo constituía un único e inmenso ser vivo en el que cada uno de los otros seres era un órgano, y que todos nosotros, seres humanos, animales, plantas y minerales constituíamos una familia, éramos, en lenguaje metafórico, de la misma carne y de la misma sangre. Vi mundos luminosos y centelleantes con humanidades insospechadas, con humanidades con una moral y unos ideales cuyo desarrollo divino y cuya armonía con respecto a la ley de la existencia y en comparación con la moral terrena corriente, eran como el oasis con respecto al desierto. Pero también vi mundos de una naturaleza mucho más baja, mundos en los que la barbarie constituía una fuerza tan condicionadora que en ellos los seres vivos tenían que matar para vivir, es decir, mundos en que las condiciones de vida, en las que especialmente se apoyan, son exactamente lo mismo que la más prominente forma de transgresión de la ley de la existencia, y por consiguiente hace de todos estos mundos los más destacados escenarios para el despliegue de la enfermedad y la indigencia, la miseria, el sufrimiento y el dolor, lo que a su vez significa una categoría de planetas a la cual no puede negarse que el globo terrestre en parte pertenece. Además vi que la oscuridad, o el presunto "mal", era en realidad lo mismo que el desarrollo en los individuos de las cualificaciones que son absolutamente necesarias para que la vida en los mundos superiores pueda ser más tarde experimentada por estos mismos seres como felicidad o bienaventuranza, y así comprendí que "la oscuridad", entendida cósmicamente, es una bendición tan grande como la luz, y que desde el punto de vista divino todo es muy bueno . Pero también me di cuenta de que este conocimiento jamás podría ser experimentado como una realidad auténtica por ningún ser, ni podría mostrársele como tal antes de que su facultad de amor estuviera tan desarrollada que sólo pudiera ser bueno o amoroso con todos los seres vivos y, por consiguiente, no pudiera abusar de dicho conocimiento creándose a partir de él argumentos para actos egoístas o faltos de amor. Así experimenté que todo el universo es atravesado por una sabiduría y un amor infinitos. En todos los lugares inmersos en "la oscuridad" a los que dirigí mi mirada se hizo la luz. Me había transformado en mi propia fuente de luz. El bautismo de fuego que había experimentado, y cuyo análisis detallado no puedo hacer aquí, había dejado tras sí el hecho de que en mí se habían despertado nuevas facultades de percepción, facultades que me ponían en condiciones de ver, no esporádicamente sino en un estado permanente de conciencia diurna despierta, el conjunto de las fuerzas espirituales primarias, de las causas invisibles, de las leyes eternas, de las energías básicas y de los principios fundamentales tras el mundo físico. El misterio de la vida no era pues un misterio para mí. Había adquirido conciencia de la vida del universo y había sido iniciado en "el principio creador divino".


Comentarios pueden mandarse al Martinus-Institut.
Información de errores y faltas y problemas técnicos puede mandarse a webmaster.