Lee y busca en El Tercer Testamento
   Apdo.:  
(289-638) 
 
Búsqueda avanzada
   

 

La presencia de las energías explosivas en la mentalidad del hombre terreno como base de toda la miseria humana terrena o como "raíz de todo el mal"  296. Lo mismo puede decirse, naturalmente, de los arrebatos de cólera del hombre terreno, que en realidad sólo son un rudimento de su estado de fiera.
      Mientras en la conciencia o mentalidad de la fiera estas energías explosivas son factores vitales de primer orden, en el hombre, debido a que el estado de su mentalidad o psique está mucho más evolucionado y refinado que el del animal, son, al contrario, puro veneno. La refinada psique ha refinado el cuerpo físico, ha ennoblecido su sangre y ha hecho el sistema nervioso extraordinariamente sensible y delicado. Un organismo así no soporta demasiados ataques de cólera o accesos de rabia sin envenenarse gravemente. Un fenómeno mental de este tipo no puede dejar de transformarse a la larga en una carga que mina la función cardiaca. Es más, en el micromundo del organismo del hombre terreno estos ataques de cólera son puras "explosiones de bombas" de un efecto tan destructivo tanto para la psique como para el cuerpo que, como quien dice, son "la raíz de todo mal". El objetivo de "la química cósmica" es crear conocimiento sobre esta "raíz".
      Así pues, esta "raíz" no es solamente la base de todo lo que forma parte de la denominación "reino animal", es decir, la raíz del "principio mortífero", que es el principio de vida de este reino, y debido a ello debe considerarse natural aquí, sino que también es la raíz de toda la miseria humana terrena, lo cual tiene que considerarse menos natural en zonas en que el hombre terreno tiene en alto grado inteligencia suficiente para poder dominarlo, pero, no obstante, debido a hábitos de la conciencia, al miedo de romper con viejas tradiciones, dogmas, usos y costumbres, al miedo a "la opinión de la gente", etc. está sin embargo sujeto al "principio mortífero", es su esclavo obediente en casi todas las circunstancias.
      Es, claro está, evidente que el ser humano tiene que ser objeto de un destino erróneo o no natural en una zona así, en la que se relaciona con una imprudencia e indiferencia tan grande con las energías de la vida, las energías con las que va a crear su destino, su vida y existencia, es decir, en la que hace de las opiniones, tradiciones, dogmas, usos y costumbres de personas supersticiosas más o menos ignorantes una regla o norma de conducta para su manera de relacionarse con las energías del destino, en mayor grado que hace una regla de conducta de los resultados científicos que se revelan por medio del sermón de la montaña de Jesús, y que a lo largo de los siglos han sido anunciados a millones de seres humanos como la verdadera constelación de las energías cósmicas para la construcción del destino verdaderamente feliz. Imagínense si se implantase un trato igual de negligente con las energías o los productos químicos en una farmacia. Imagínense si aquí no se siguiesen las prescripciones o instrucciones científicas y se mezclasen los productos químicos, frecuentemente peligrosos, según todas las posibles ideas, suposiciones o supersticiones de curanderos ignorantes. ¿No creen que los compuestos químicos que surgirían serían en muchísimos casos todo menos medicina para los enfermos? No se puede negar que más bien serían una base firme para la abolición de toda salud y bienestar corporal entre los seres humanos.


Comentarios pueden mandarse al Martinus-Institut.
Información de errores y faltas y problemas técnicos puede mandarse a webmaster.