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| "La química cósmica" y la creación de destino del hombre terreno |
297. ¿Pero no es acaso esto lo que le sucede al hombre terreno cuando se trata de la construcción de su destino?
Es una ilusión creer que el destino no es una combinación de sustancias tan real como una medicina que se compra en la farmacia.
Del mismo modo que ésta no puede existir sin ser un compuesto de productos químicos, una combinación de diferentes clases de energías o sustancias, el destino tampoco puede existir sin ser una combinación de diversas sustancias o energías.
Que éstas no sean directamente materias o productos químicos visibles físicamente no modifica el principio.
Que se trate de energías de la conciencia, no modifica la identidad del destino como una realidad, sino que hace, incluso, su construcción o compuesto "químico" cien veces todavía más peligroso que cualquier experimento químico-físico.
Mientras en cada experimento químico-físico uno puede probar el efecto o resultado de lo que se proponía fuera de su propio ser o cuerpo físico, en otros seres o cosas, es imposible probar los efectos del experimento químico-cósmico, que es nuestra propia creación de nuestro destino, en otros seres que no sean uno mismo. Cualquier error, por pequeño que sea, dejará inevitablemente su huella o su efecto en nuestro destino. El caso es que ningún ser vivo puede existir sin ser un "químico cósmico". Toda nuestra vida y existencia, que es lo mismo que nuestro destino, sólo puede únicamente existir como idéntica a la reacción de la relación entre la propia energía que producimos y la energía de la naturaleza. Cada pequeño pensamiento, cada pequeña opinión o idea, incluso el menor suspiro de un ser, existe solamente como fruto del contacto mutuo entre estas dos energías. Ninguna conciencia de ningún ser puede, de esta manera, existir aislada de la energía de la naturaleza. La mentalidad o vida psíquica de todo ser es una interacción, con continuidad eterna, entre las energías o sustancias de su yo y las sustancias de la naturaleza. Y toda creación es, así pues, idéntica a esta interacción. Y para cada ser vivo esta creación equivale, por consiguiente, al destino o experimentación de la vida. |
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