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| Tras la reacción de las sustancias se manifiesta una ley eterna que transforma en un hecho un plan universal que todo lo abarca |
298. Como cada sustancia o cada clase de materia es una combinación de diversas sustancias o energías diferentes, estas energías serán decisivas para el carácter de la reacción especial de dicha sustancia.
Una sola de las energías de las que la sustancia está compuesta puede estar presente de una manera tan considerable que domine totalmente las otras energías de esta sustancia.
Entonces esta energía dominará en muy alto grado la reacción de dicha sustancia.
Las energías también pueden tener la misma capacidad, y esto influirá inmediatamente en la reacción.
La energía o capacidad de reaccionar de cada sustancia siempre dependerá, por consiguiente, de la relación que tienen entre sí las sustancias o energías de las que está compuesta.
Debido a ello, cada sustancia reaccionará eternamente según su modo preciso y especial de reaccionar.
Si no reacciona de este modo especial suyo, siempre se pondrá en evidencia que en el compuesto químico ya hay energías extrañas cuya presencia ha sido, por consiguiente, la causa de que la reacción normal sufriese una transformación.
Como cada sustancia, según la misma fórmula, reaccionará eternamente del mismo modo, una ley igual de eterna se manifiesta así como un hecho. Esta ley se reconoce, por ejemplo, por el hecho de que la sal, el azúcar, el vinagre, la dinamita, en fin, cada una de las sustancias que existen en el universo tiene su propiedad particular y que diverge de la de las otras. Dado que toda la vida de la conciencia o vida psíquica, tal como veremos en lo que sigue, también forma parte de las sustancias o materias reales del universo, el aspecto de cada ser vivo, su inteligencia, su facultad de percibir, su carácter y su posición y modo de manifestarse puramente físico también se debe, así pues, a esta ley. Pero, de este modo, esta misma ley es el fundamento de toda creación de las particularidades de cada pueblo, su nacionalidad y fronteras, su cultura e intelectualismo, su deseo de paz o de guerra, su dictadura o democracia, etc. Se sea religioso o no, se sea librepensador o evangelizador, se sea santo o pecador, es necesario reconocer aquí que la capacidad específica de reaccionar de todas las sustancias del universo convierte en un hecho irrefutable que toda la existencia o vida se basa en un plan que todo lo abarca. Como cada sustancia tiene, así pues, su capacidad de reaccionar particular, esta capacidad se convierte, de un modo irrefutable, en su misión. Cada sustancia, con su estructura y su configuración particular, su carácter y modo de actuar, lleva a término un trabajo determinado en el conjunto de energías o fuerzas que constituyen todo el universo. Cada uno de sus detalles, indiferentemente de que sea en el microcosmos o el macrocosmos, constituye un producto absolutamente irrefutable de la sutil precisión con la que las sustancias obedecen esta ley antes mencionada que, de este modo, es en sí misma el fundamento de toda existencia, es la ley primordial de la vida misma. Y así se comprenden mejor las viejas palabras sobre los cabellos de la cabeza, que están contados y las aves del cielo, que sólo mueren cuando es la voluntad de Dios. |
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