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La ley de la reacción de las sustancias como base de todo lo que puede percibirse  302. Que el hombre terreno maneja en gran medida su química cósmica, es decir, la materia o sustancias de sus pensamientos, de las que crea su conciencia, con una falta de pericia muy grande es, ciertamente, uno de los hechos más grandes de la existencia. ¿Acaso no son los errores lo que está en mayor grado representado en la esfera de la conciencia humana terrena? Y lo que falta en gran manera en esta misma esfera, ¿no es acaso la lógica?
      Todo el universo, toda la vida, toda conciencia, todo lo que puede ser percibido y pensado en dirección descendente a través del microcosmos y en dirección ascendente a través del macrocosmos, todo lo que se manifiesta en el mesocosmos (la esfera de percepción humana terrena), así como todo lo que a lo largo de los tiempos se ha experimentado, y todo lo que en el futuro se experimentará, es así pues exactamente lo mismo que las reacciones de todas las sustancias, tanto físicas como cósmicas, de las que se compone todo el universo. Que cada una de estas reacciones se manifieste con su carácter particular, de modo que algunas produzcan colores verdes, otras amarillos, algunas negros, otras blancos, que algunas se identifiquen con lo que llamamos "el mal", y otras con lo que llamamos "el bien", que algunas reacciones sean lo mismo que asesinato, homicidio y mutilación, y otras sean idénticas a compasión, ayuda o amor, que algunas se muestren como ignorancia o ingenuidad, otras sean una manifestación de la más alta forma de intelectualismo, que algunas aparezcan como revolución, guerra y derrumbamiento de culturas, otras como paz, armonía y bendición, etc., no expresa en absoluto que la ley de la reacción de las sustancias sea imperfecta o errónea, al contrario. Todos los fenómenos, indiferentemente de a cuál de las categorías citadas pertenezcan, sólo son manifestación de la precisión absoluta con que la ley es cumplida incondicionalmente por las materias del universo, que, a su vez, deben la inalterabilidad de esta precisión a su particular origen, existencia, naturaleza o condición.
      Sin este cumplimiento incondicional de la ley de las sustancias que llevan a cabo las sustancias, no existiría ningún organismo, ningún planeta o mundo. Todo lo que hoy regocija, entretiene y desarrolla a los seres vivos no existiría. Las hermosas flores de los campos, las crestas de las olas llenas de espuma, el suave parloteo de los riachuelos en los bosques, los pensamientos secretos de los amantes, en resumen, todo, seres, vida y cosas, sería igual a "nada". La manifestación de cada ser vivo sólo es, así pues, posible únicamente en virtud de la ley de la reacción de las sustancias. Esta ley se transforma, con ello, en el esqueleto de toda la existencia, de todo el universo.


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