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Capítulo 10
Las fuentes eternas de energía del yo
El yo en el trono de la Divinidad  311. En el capítulo anterior llegamos con nuestros análisis a un punto de observación que se encuentra más allá de la materia, un punto de observación desde el que se dirige toda la creación, un punto de observación que es la residencia de la propia Omnipotencia o Providencia. Llegamos al trono de la Divinidad misma. Nos hemos alzado por encima de las magnificencias de todos los mundos. Bajo nosotros se encuentra el espacio y el tiempo, organismos y cuerpos, formas y estados. Lo más profundo de nosotros mismos está enraizado en la Omnipotencia eterna. Somos hijos del Señor del universo. Por medio de la materia eterna, que obedece a nuestro más pequeño mandato, vamos a revelar ahora nuestra identidad de hijos de Dios. Por orden nuestra tienen lugar las más grandes maravillas de la vida. Mundos, y lo que es más, soles y galaxias, metrópolis de estrellas radiantes y centelleantes en el oscuro cielo nocturno son el resultado de procesos creadores que hace tiempo se han convertido para nosotros en conciencia habitual tan rutinaria o conocimiento-C que, al igual que la circulación de la sangre, la respiración y la digestión, tienen lugar sin la ingerencia de nuestra conciencia diurna. ¿Cómo podrían si no nuestros organismos o cuerpos llegar a ser lo que son?
      Que estos organismos o cuerpos están formados por materias luminosas en forma de micromundos, átomos, electrones y partículas todavía menores que siguen órbitas como los planetas hace ya tiempo que se ha convertido en hechos científicos para investigadores intelectuales. Es cierto que estos hechos sólo manifiestan un universo en miniatura, pero esto no cambia el principio, sobre todo dado que este universo microscópico cumple sobradamente las mismas condiciones que el universo ordinario con respecto a ser el domicilio, el escenario o la zona de vida de miríadas de seres vivos. Sí, las metrópolis de estrellas, los planetas y las galaxias producidas por nosotros mismos representan, así mismo, miles de multitudes de seres vivos que viven y respiran a la luz de los soles, hacen experiencias, aspiran a una vida superior, van de camino hacia la adquisición de conocimiento sobre su propia identidad superior, van de camino hacia la Divinidad igual que el mundo en el cual nosotros mismos dirigimos nuestra mirada hacia la luz eterna.


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