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| Véase el símbolo nº 9 en nueva ventana |
| El fundamento científico de mis análisis de los mundos superiores y su base matemática como prueba de la identidad del más alto idealismo como ciencia. Sin mi análisis de los mundos superiores no habría ningún fundamento para la alta moral del mundo anunciada en la Biblia a lo largo de milenios. Egoísmo u oscuridad mental tendría que ser la palabra clave de la vida |
389. Pero naturalmente, sólo un ambiente así puede ser digno del dominio más alto de la propia Divinidad.
Sin una naturaleza como la aquí descrita, el ambiente no sería la culminación de la luz, cuyos rayos, como un vago resplandor a través de la boca de profetas y redentores del mundo, ya han sido injertados en la historia del hombre terreno como "el linaje" en que todas las estirpes de la Tierra serán "bendecidas".
Y sin ser una revelación de una santidad y de una pureza de corazón del tipo aquí descrito, el dominio de la propia Divinidad no podría ser de ninguna manera una zona en la que la promesa de liberación y omnipotencia, el sometimiento de los mundos, la fertilidad y la pluralidad de la creación, la gloria de que disfrutaba la Divinidad antes de la existencia del mundo, y de que habla la Biblia, no podría transformarse en realidad.
Así mismo, la superioridad sobre la materia, el tiempo y el espacio que convierte un día en mil años y mil años en un día para el individuo, la materialización que hace que el ser vivo se manifieste "a imagen y semejanza de Dios", la forma de vida que convierte al ser en "uno con el Padre", y su identidad de "hijo de Dios" relacionada con ello, tampoco podría transformarse en un hecho real.
Sin esta zona esbozada aquí, todo el idealismo que existe en el mundo no tendría ninguna realidad tras sí. Todas las grandes verdades de la Biblia y de otros libros sagrados serían solamente fantasías y supersticiones enfermizas. Las realidades mortíferas: el egoísmo, el odio y la envidia, y otros climas de pensamientos portadores de dolor y de desgracias, tendrían que ser el lema de la vida. Pero, como su manifestación siempre engendra de manera irrevocable la esperanza del idealismo del amor, la añoranza de ser abrazado por la simpatía del prójimo, la amabilidad entre los seres, que se acaba de mencionar como la vida del "mundo divino", esta esperanza y estos anhelos son en sí mismos la primera razón irrefutable de la existencia de este mundo supremo porque, en caso contrario, estos anhelos y esta esperanza de un idealismo superior habrían sido provocados totalmente en vano, y ningún investigador verdaderamente intelectual ha encontrado nunca nada parecido en las producciones o creaciones de la naturaleza. Así pues, este investigador, aún antes de alcanzar él mismo "conciencia cósmica", si desea estar en contacto con la lógica del universo tiene de antemano que tomar en consideración de un modo teórico la existencia de un mundo superior que, precisamente, está construido y consolidado sobre el rico material de experiencias del mundo sangriento de las guerras y los errores, de tal modo que todas las realidades portadoras de desgracia y que abruman la conciencia están para siempre excluidas de la zona de este mundo. Un ideal que exterioriza menos que lo que he mencionado, no satisface el objetivo de los anhelos creados y, por consiguiente, no puede ser satisfactorio para el ser saciado de existencia física. Un ser que ha vivido abundantemente y hasta el fondo posición física, riqueza, gloria y fama, inteligencia física e ingeniosidad técnica no puede tener anhelos que puedan satisfacerse con una nueva experiencia de las mismas cosas. Lo que sucede es que las leyes de la vida llevan consigo de un modo inexorable que los anhelos sólo pueden tender hacia los contrastes de aquello de que uno está harto hasta la saciedad. Por consiguiente, es imposible ignorar la existencia de los mundos espirituales. Son los eslabones del ciclo de la vida, que son necesarios en la imagen del universo si esta imagen no tiene que continuar siendo una concepción que, al estar desprovista del conocimiento sobre la inmortalidad de los seres, la formación de los talentos y los destinos y la existencia de las energías básicas y de las tres X, carece totalmente de los elementos matemáticos que pueden convertirla en una interpretación real y científica de la verdadera identidad divina de la vida y de los seres. Sin dichas realidades, esta concepción del universo tendría que seguir siendo una imagen del universo altamente deformada en la cual no se manifestaría o no existiría ninguna solución matemática, y por consiguiente ninguna justificación de "la injusticia". Pero, una imagen del universo en la que no se dan razones matemáticas de "la injusticia" como manifestación de la voluntad de amar de una fuerza superior o de una lógica creadora perfecta, sino que tiene que excusarse con las palabras "Los caminos de Dios son inescrutables", no es ninguna ciencia y, por lo tanto, tampoco es ninguna palabra clave fundamental con respecto a las preguntas más importantes de la vida: "¿Qué es la verdad" o "de dónde" y "a dónde"? Por lleno de fantasía que posiblemente le parezca mi relato sobre los mundos celestiales a tal o a cual, dicho relato tiene, sin embargo, la base matemática que precisamente es necesaria para hacer una ciencia de la moral y del alto idealismo de que el mundo, en realidad, tendrá en muy alto grado hambre y sed después del cataclismo que ahora ha comenzado, y este relato constituye, de este modo, la estabilidad intelectual que puede hacer "la palabra de Dios" perdurable o permanente, aunque grandes terrenos físicos y mentales sean destruidos o se disuelvan. Mis palabras son, así pues, una confirmación científica del conocimiento ultraterreno que dice: "El cielo y la Tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán". Sin las realidades citadas en mi relato sobre los mundos superiores, no podría existir ningún ciclo en absoluto, no podría existir nada renovador de vida o "perdurable eternamente". Un relato sobre la vida que se apoyara en una base tal sería exactamente lo contrario de los hechos reales que ya hace tiempo han sido aceptados por la ciencia materialista. La vida es un ciclo. Y los valores existen eternamente, aunque las formas cambien. Y el presente libro, en virtud de su relato sobre los mundos superiores de la espiral, está de este modo en contacto con el ciclo, la matemática y la verdad eterna. |
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