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| Con la saciedad de la existencia luminosa la voluntad del individuo se encamina cada vez más en dirección al "egoísmo", pero todavía transcurren siglos de tiempo antes de que esta voluntad tenga efectos desagradables |
392. Tras la saciedad de la experiencia de la luz en "el mundo divino", la esfera de interés del individuo se aleja cada vez más del "ahora" inalterable y se dirige con creciente fuerza hacia tiempos experimentados anteriormente, a los que tiene acceso por medio de su preponderante facultad de recordar.
Su conciencia diurna va adquiriendo más y más intensidad con estas experiencias, y el ser es, tal como ya hemos dicho, ciudadano del último reino de la espiral: "el reino de la bienaventuranza".
Pero con el interés por los tiempos que ha experimentado anteriormente, en las funciones mentales del individuo ha comenzado a tener lugar un giro que tendrá una gran importancia. Este giro, en realidad, no es ni más ni menos que la primera tendencia del individuo hacia ese curso dirigido por la voluntad que más tarde, en la siguiente espiral, culminará como el fundamento del "principio mortífero", es decir, esa forma de dirección de la voluntad que con el concepto "egoísmo" es muy conocida aquí, en las zonas terrenas. Pero en "el mundo divino" esta tendencia de la voluntad no tiene, naturalmente, una fuerza tal que aquí se pueda hablar de que sus resultados puedan ir encaminados en dirección a la desarmonía y el sufrimiento. Al contrario, todavía tienen que transcurrir siglos de tiempo antes de que algo así le suceda al ser que está en su punto culminante por lo que respecta a las más altas formas de vida. Durante estos siglos de tiempo, la tendencia egoísta no afecta de ningún modo en absoluto a los seres que rodean al individuo. Tal como ya hemos dicho, esto se manifiesta solamente en el hecho de que el ser, antes tan altruista, gradualmente se ha ido "cansando" y parece que necesita descanso de tanto "servir a su prójimo". Este "cansancio" pone al individuo cada vez más en una especie de estado de descanso o desentendimiento con respecto al mundo "exterior", que favorece en muy alto grado la función del recuerdo. Y es precisamente frente a este "cansancio" o "saciedad" de la existencia luminosa divina disfrutada en abundancia, que el individuo puede encontrar confortación o fortalecimiento en los detalles de su mundo "interior". Allí puede retroceder a tiempos y situaciones totalmente distintas. Y cuanto mayor contraste representen estos tiempos y circunstancias en relación con su actual mundo "exterior", mayor bienaventuranza o sensación de placer sentirá el individuo trayéndolos a su memoria. |
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Síntesis