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| Véase el símbolo nº 9 en nueva ventana |
| El hombre terreno y "el ser bienaventurado" son contrastes. La vinculación de estos seres a una vía "ascendente" y "descendente" respectivamente. |
405. "El ser bienaventurado" diverge, así pues, del hombre terreno por el hecho de que el pensar en los mundos divinos no puede inspirarlo de manera especial ni ocasionarle ninguna alegría particular, sino que constituye más bien la personificación del aburrimiento y, de este modo, es una especie de oscuridad, mientras que una actitud así es casi incomprensible para el hombre terreno evolucionado, cuya conciencia tiene unas tendencias sustentadas por un inmenso deseo de un estado de conciencia superior y mejor y de una sociedad mundial más hermosa y pura, debido a su extraordinaria saciedad de su estado terreno o de su experimentación de los detalles de horror del "principio mortífero" en forma de enfermedad, desgracias, guerra y mutilaciones.
"El ser bienaventurado" y el hombre terreno son así contrastes por lo que respecta a sus deseos y su meta.
El hombre terreno está en una "vía ascendente", mientras que "el ser bienaventurado" está en una "vía descendente" de la espiral.
Por triste que esto le parezca al hombre terreno "en dirección ascendente", harto hasta la saciedad de materias mortíferas, sin embargo, si tiene un intelectualismo superior, no puede dejar de sentirse feliz con esta disposición divina que tiene lugar en el universo, porque sin ella sería imposible una continuación eterna de la vida. |
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