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El enamoramiento es "energía sexual microcósmica". El acto sexual y los seres desencarnados  422. Que lo mismo es válido para nuestro propio organismo es, naturalmente, evidente. Sin energía solar (energía sexual) en él no podríamos de ninguna manera experimentar una existencia física. Pero aquí el hombre común no ve la energía solar como luz física, sino que la advierte en la mentalidad. ¿Que se opina con respecto a un "enamoramiento" al cien por cien? ¿No es acaso la movilización de las energías de la reproducción en su punto culminante? ¿Y no se ve aquí, también, que son las energías del anhelo del "reino de la bienaventuranza" las que se desencadenan cuando el enamoramiento sigue totalmente su curso y resulta en coito y descendencia? La entrada de esta descendencia en el mundo físico, la creación de su feto y todos los otros resultados físicos ¿no se basan acaso en un despliegue de núcleos de talentos, es decir, energías de anhelo convertidas en función automática?
      Como una función automática sólo puede existir como idéntica a "conocimiento-A" y "conocimiento-B" que, a su vez, es pensamiento y actos conscientes, despiertos, diurnos, precedentes, esta descendencia ha tenido, así pues, una existencia precedente de este tipo con conciencia despierta diurna en la que el anhelo en cuestión podía surgir. Que esto no ha podido tener lugar en un mundo físico es un hecho porque entonces el anhelo no habría podido surgir. Uno no puede tener anhelo de algo que tiene porque esta propiedad o posesión es el cumplimiento del anhelo. Por consiguiente, aquí se convierte en un hecho que las energías del anhelo de la descendencia tienen que haber sido conciencia despierta diurna en un mundo que no es físico. Según "Livets Bog", este mundo es "el reino de la bienaventuranza". Esto quiere decir, a su vez, que la descendencia venidera actualmente tiene conciencia diurna en "el reino de la bienaventuranza", que es lo mismo que su mundo de recuerdos. En este estado de conciencia diurna su reacción (éxtasis) frente a la experimentación de "las copias de oro" de sus existencias físicas anteriores provocará, así pues, un anhelo de volver de nuevo al mundo físico. Este anhelo, en contacto con la energía del éxtasis, fecunda los núcleos de talentos. El resultado de esta fecundación o revivificación es una vibración de energía que se puede poner en contacto con "la energía del instinto" y "la del peso" en su entorno externo. Esta energía exterior del "instinto" y del "peso" es producida y adaptada por los seres ya encarnados físicamente por medio de la culminación de su energía de enamoramiento en el coito. Si el resultado de este coito es la fecundación, esto significa que la función automática del ser desencarnado ha arraigado en la materia y creación física. El resultado de esto es la creación física del embrión en el útero. Y con el desarrollo de este embrión que se convierte en feto y llega al momento del nacimiento, el ser desencarnado entra de nuevo en el mundo físico. Este proceso es, así pues, en un sentido absoluto un proceso de luz solar. Las energías son absolutamente las mismas que las que se desencadenan a través del brillar del sol físico, con la única diferencia de que en el brillar físico del sol son macrocósmicas, mientras que cuando aparecen en nuestro interior son microcósmicas. Pero común para todas ellas es que constituyen energías de anhelo del "reino de la bienaventuranza" convertidas en función automática física, si bien cada una en su espiral.


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