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| "Conciencia cósmica" en degeneración y sus consecuencias |
445. Percibir todos los fenómenos o experiencias exteriores como "manifestaciones de vida", es decir, como manifestaciones de seres vivos o expresión de su voluntad, ya forma parte de la naturaleza del ser vivo cuando éste crea por primera vez y de manera incipiente pensamientos.
El hombre primitivo ve, de este modo, un "espíritu" o "espíritus" tras todos los fenómenos de la naturaleza.
Percibe la tormenta, el frío, el calor, el curso de las aguas, la oscuridad, la luz, las piedras, las rocas, las montañas, los árboles, las flores, etc. como la manifestación de misteriosos seres vivos.
Lo mismo puede decirse de sus experiencias de dolor, sufrimiento y desgracias, así como de toda su experiencia de felicidad.
También en este caso se trata, según su manera de concebirlo, de seres misteriosos que intervienen en su destino malo o bueno.
Así pues, vemos que el hombre primitivo, que todavía no ha llegado al uso específico de la facultad de analizar, de manera puramente "instintiva", es decir, de modo puramente automático lo percibe todo a su alrededor como manifestación de vida o conciencia. Pero esto constituye, en principio, la misma forma de vida que vive el ser "cósmicamente consciente". La única diferencia es que el hombre primitivo, que no tiene como el ser "cósmicamente consciente" facultad intelectual de analizar, no puede comprender a los misteriosos seres vivos que hay tras los fenómenos físicos, del mismo modo que debido a la falta de facultad de analizar tampoco puede comprender de una manera clara las leyes fundamentales que soportan el universo o la vida. Dicho brevemente, tiene que vivir exclusivamente de su "instinto", es decir, del "conocimiento-C" o función convertida en hábito que ha heredado de su experimentación de la zona intelectual de la espiral precedente. A través del "reino de la bienaventuranza" los deseos del ser de una zona primitiva se han impuesto tan fuertemente, que está totalmente dispuesto a saciarse en las primeras zonas de la nueva espiral: "el reino mineral", "el reino vegetal" y "el reino animal" de la experiencia de primitivismo o culminación de todo lo que forma parte del concepto desarmonía o del hecho de ir contra la ley de la existencia. Esto, en forma de fuerza motriz interior que todo lo domina, caracteriza de manera exclusiva su creación de cuerpos. Estos cuerpos se convierten, de este modo, en inmejorables instrumentos para el primitivismo y para la transgresión de la ley de la existencia y alcanzan su culminación en forma de cuerpos de fieras. A la salida del "reino de la bienaventuranza" el ser no tiene ningún interés en absoluto en el elevado intelectualismo, que en tan alto grado lo ha saciado de armonía y perfección en "el mundo divino", y en la nueva espiral no hay, por consiguiente, nada en el anhelo del individuo que pueda mantener en vida su "conciencia cósmica". En sus primeros estadios o zonas de esta nueva espiral, los cuerpos de manifestación del individuo tampoco se construyen, por lo tanto, como instrumentos para "la conciencia cósmica", al contrario, por lo que concierne a ella es imposible usar estos instrumentos. En cambio, se convierten en espléndidos instrumentos para una forma de conciencia diurna en la que los individuos sólo pueden, poco a poco, percibir como algo real las experiencias físicas. Con la creación de esta forma de conciencia diurna el ser vivo se ha excluido a sí mismo – por propio deseo – del verdadero intelectualismo o supremo conocimiento de la existencia y, con ello, de su más alta y absoluta perfección y de su más radiante armonía. Pero "el caminar por la espiral", o lo que aquí en la Tierra llamamos "evolución" no tiene lugar a saltos. Los seres no pueden repentinamente saltar de la armonía y la perfección del "mundo divino" y de su costumbre, adquirida allí, de servirse de los cuerpos más perfectos de la espiral, a sólo servirse de sus instrumentos de manifestación más imperfectos o primitivos. La existencia altamente intelectual se ha convertido en conciencia habitual, y, debido a ello, sólo puede vencerse con la creación de una nueva conciencia habitual. Y esta creación sólo puede tener lugar por medio de una nueva habituación o entrenamiento que, a su vez, es lo mismo que una repetición permanente de las formas de manifestación que pueden constituir los ejercicios que pueden dar lugar a la maestría deseada. "El caminar por la espiral" en sí mismo sólo puede activarse a un ritmo determinado y particular. Sin duda, como veremos más adelante, puede a veces forzarse, lo mismo que puede retrasarse un poco, pero nunca puede hacerse a saltos o a sacudidas bruscas. En conjunto, transcurre de una manera muy uniforme y armónica. Estas circunstancias que hemos nombrado aquí se convierten, así pues, en la causa de que encontremos a los primeros seres vivos de la espiral, que han comenzado a darse de manera consciente manifestación física, como seres a los que lo único que les queda de su anterior "conciencia cósmica" es su "conocimiento-C", e incluso éste sólo aparece en una forma bastante avanzada de degeneración. Que esté degenerando es, naturalmente, una consecuencia del hecho de que, como ya hemos dicho, en la conciencia del individuo, debido a la gran saciedad del estado celestial, no hay ningún deseo de mantenerlo en vida, sino más bien un rechazo fundamental de dicho conocimiento en beneficio del deseo tan grande que el individuo tiene, en la parte de la espiral en cuestión, de la existencia o experimentación física puramente primitiva, y mediante lo cual esta última forma de vida al final tiene, necesariamente, que tener una preponderancia absoluta sobre la conducta del individuo. |
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