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| Una nueva base de conocimiento. Toda "sustancia" o "materia" constituye "el algo divino" visto desde "el principio de perspectiva". Por medio del análisis de "la materia" descubrimos a la Divinidad |
504. Por medio de "la química cósmica" aquí, en "Livets Bog", hemos avanzado tanto en el conocimiento de la realidad que hemos comenzado a vislumbrar una base de conocimiento totalmente nueva para la humanidad terrena, un "punto fijo" desde el que los análisis de las cosas también se convierten en "punto fijo" y no en "puntos" temporales o ilusiones que se derrumban como sucede partiendo de la base de conocimiento antigua.
"La química cósmica" nos muestra que toda "sustancia" es luz, y que ésta, por medio del "principio de perspectiva" se hace accesible a la percepción, ya que el yo, por medio del mismo principio, la experimenta en forma de escala, es decir, la experimenta como manifestándose con diversos grados sucesivos de intensidad, fuerza o resplandor. Como la impresión que dan "los grados de luz" más débiles se percibe como "oscuridad", por medio del "principio de perspectiva" el yo ha adquirido, por consiguiente, la facultad de experimentar la luz en sí misma, pero manifestándose como dos fenómenos distintos, a saber, como "luz" y como "oscuridad". Estos dos fenómenos son, como ya se ha indicado anteriormente, la misma cosa. Por medio del "principio de perspectiva" se conserva la facultad de experimentar esta cosa. Sin este principio sería totalmente inaccesible a la percepción. No existiría ningún contraste y, por consiguiente, ninguna base para la percepción. Por medio del "principio de perspectiva" el yo está, por lo tanto, en condiciones de experimentar "algo", que a través de la percepción se convierte en "luz" y "oscuridad", se convierte en "sustancia" y "materia", se convierte en "creación" y "experimentación" de la vida, en otras palabras, se convierte en la realidad que transforma al yo en un "ser vivo". ¿Y qué es este "algo"? Dicho "algo" es el elemento supremo de la vida que todo lo abarca, que ya hemos mencionado anteriormente en "Livets Bog" como "el algo divino" o "X1". Aquí, en nuestro análisis de "la sustancia" o "materia", lo hemos encontrado, en último término, de la manera que cualquier análisis cósmico puede encontrarlo. Aquí nos encontramos junto a "la causa sin causa". Se trata del único "algo" existente que no tiene una causa previa. Es la causa de todas las causas. Pero "más allá" del "principio de perspectiva" carece de contraste y, por consiguiente, no es perceptible por los sentidos, no tiene ningún análisis, exceptuando el análisis de que constituye un "algo" absoluto "que es". Todo lo que se le quiera atribuir será totalmente ilusorio. Si decimos que está "muerto" o "vivo", que es "hermoso" o "feo", "amoroso" o "falto de amor", "grande" o "pequeño", ya no estaremos más allá del "principio de perspectiva", sino que al contrario contemplaremos en sumo grado este "algo" a través de este principio. "El algo divino" ya se ha manifestado como grados de "la escala de luz" que llamamos "sustancia" o "materia". A esta manifestación ya la conocemos como sinónimo de "X3", del mismo modo que "el principio de perspectiva" representa aquí "X2" o la facultad creadora. Y como estas tres "X", en este caso, constituyen el ser vivo que llamamos la Divinidad, en nuestro análisis de "la sustancia" o "materia", por medio de "la química cósmica", hemos sido confrontados con un nuevo encuentro con la Divinidad. Todo ese inmenso "océano de luz" que llamamos "sustancia" o "materia" constituye, en realidad, "el algo divino". Da lo mismo que miremos en la luz del Sol o en la oscuridad de la noche, da lo mismo que contemplemos en el interior de las metrópolis de soles y estrellas del macrocosmos o que dejemos que nuestros "sentidos cósmicos" nos conduzcan al interior de la pequeñez menguante del microcosmos, da lo mismo que lo que aparezca ante nuestra vista sean siluetas, formas, figuras, colores, o que lo que aparezca en nuestra percepción de la vida sean pensamientos, sentimientos, alegrías y tristezas, lo que tenemos frente a nosotros es "X1", el elemento supremo de la existencia, el yo de la mismísima Divinidad que todo lo abarca, sólo separado de nosotros por "las gafas coloreadas" del "principio de perspectiva". La Divinidad está igual de presente y con la misma fuerza en el oleaje del mar, el rumor de los arroyos del bosque, el zumbido de las abejas y los colores de las mariposas, que en la circulación de nuestra propia sangre, "la materia" de nuestro organismo, el aspecto de nuestro cuerpo y nuestro propio modo de ser. Aquí la Divinidad también es la sustancia más profunda de "la materia" de nuestro yo. Aquí aquello en que nos soleamos también es, en realidad, la cercanía de la Divinidad. Que la veamos o no la veamos es sólo una "relación de perspectiva", es decir, una "orientación de los sentidos". |
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