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| "El deseo" como fundamento de todo tipo de "vida de la conciencia". "El instinto de conservación" |
511. Pero el cumplimiento de estas condiciones es algo más difícil que las exigencias que las funciones automáticas pueden satisfacer.
Y allí donde las condiciones no son satisfechas, el individuo percibe la primera forma de lo que llamamos "malestar".
Allí donde se satisfacen las exigencias, el individuo nota la sensación contraria, a saber, "bienestar" o "placer".
El ser vegetal vive, así pues, en una existencia que se encuentra permanentemente entre "placer" y "malestar" Y aquí tenemos el fundamento de todo pensamiento o creación de la vida de la conciencia, ya que estos dos contrastes engendran en la conciencia del ser lo que llamamos "deseo". "El deseo" constituye, a su vez, una fuerza hacia el interior y hacia el exterior que se conoce en la vida como "atracción" y "repulsión" respectivamente. "El ser planta" es atraído por lo que crea "sensación de placer" y es repelido por lo que crea "sensación de malestar". "La percepción vaga" de la planta se va volviendo poco a poco tan fuerte que puede mandar sus raíces en dirección a las venas de agua de la tierra y poner su organismo de encima de la tierra en una posición receptiva para la luz o el sol. Aquí vemos, de este modo, el principio de la creación de la fuerza principal de la vida de la conciencia que más tarde encontraremos en los seres como lo que llamamos "instinto de conservación". Este instinto es, a su vez, lo mismo que la función de la vida física del ser vivo. |
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