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| "Los centros de la espiral" | 533. Con respecto al "elemento de destino" u órgano o cuerpo de la supraconciencia, lo que se hace valer es que la séptima energía es, sin duda, la que soporta, pero sólo en virtud de una profunda interacción con las otras seis energías básicas. En "el elemento de destino" hay, a saber, un centro para cada una de las seis energías básicas. En estos centros "el deseo primario" entra en contacto con las energías básicas, y estás se organizan. Esta organización se muestra en forma de un movimiento rítmico de duración eterna. Esto quiere decir a su vez que, por medio de cada uno de estos centros, el encuentro del "deseo primario" con la energía en cuestión se "refuerza" o se "aminora" gradualmente. Este encuentro manifiesta, de este modo, un "despliegue en su grado mínimo" y un "despliegue en su grado máximo". Allí donde este encuentro aparece en su "despliegue mínimo", los juegos malabares del yo con la energía en cuestión están en un estado latente, mientras que siempre culminan allí donde este encuentro está en su "máximo despliegue". Y aquí encontramos el fundamento de la circunstancia de que la experiencia que el ser vivo hace de la vida o existencia tiene "forma de espiral". Por consiguiente, en "Livets Bog" a estos centros los llamaremos "los centros de la espiral". Éstos son los que hacen que el ser vivo en su manifestación o experimentación de la vida aparezca como "ser de instinto" (planta), como "ser de peso" (animal y hombre), como "ser de sentimiento" (el auténtico reino humano), como "ser de inteligencia", como "ser de intuición" y "ser de bienaventuranza", siendo las tres últimas formas de vida de un carácter que trasciende totalmente el físico y constituyendo el contraste necesario para experimentar toda existencia física. |
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