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La colaboración entre el macroser y los microseres de un organismo. Todo el dolor y el sufrimiento físico es una correspondencia viva entre el macroyo y los microyo. "La oración" y "la Divinidad" se manifiestan como fenómenos lógicos que constituyen el fundamento de toda manifestación  596. Como la materia "animal" constituye, así pues, una combinación de "materia mineral" y materia "en forma de rayos", es decir, la energía que expresa "la vida", no es tan extraño que poco a poco se haya comenzado a calificar a esta materia de "viva".
      En el momento en que un yo está en condiciones de poner su voluntad en contacto con la voluntad de estos pequeños seres, surge una colaboración común vital entre las dos partes que da como resultado la creación del organismo físico o "animal" del primer yo. Mientras este organismo es un instrumento de experimentación y creación para su origen, constituye un "universo", un "cosmos", un "espacio de vida" o una residencia vital para estos pequeños seres. Las dos partes son, de este modo, imprescindibles la una para la otra. Sin estos pequeños seres ningún yo podría jamás crearse un cuerpo físico. Y si estos pequeños seres no tuviesen "conciencia diurna" de su organismo, a ningún yo le sería posible tener "conciencia diurna" del gran organismo compuesto por los organismos de los pequeños seres. El que podamos sentir dolor o bienestar en alguna parte de nuestro organismo físico se debe exclusivamente a una transmisión del pensamiento o de la conciencia de nuestros microseres a la facultad de conocimiento de nuestro propio yo. Esta transmisión tiene, naturalmente, lugar de una forma automática, hace tiempo que se ha convertido en "conocimiento-C", igual que tantas otras de las demás funciones orgánicas. Cuando experimentamos dolor en alguna parte de nuestro organismo, esto se debe únicamente a alguna anomalía o trastorno en "la vida cotidiana" de los microindividuos de la parte del cuerpo en cuestión. Las incomodidades de esta anomalía se experimentan con "conciencia diurna" por los pequeños seres en cuestión como molestias más o menos fuertes y crean una reacción demoledora de su estado general o de la vida de su conciencia que, claro está, se compone de materia "en forma de rayos". Pero como esta materia "en forma de rayos" está vinculada a nuestra materia "en forma de rayos", la reacción se propaga, de este modo, a ella. Y aquí notamos esta reacción o el estado general perturbado de los pequeños seres como "dolor físico". Toda forma de "dolor físico" no es, así pues, en su análisis más profundo de naturaleza "física", sino que constituye una energía "en forma de rayos". Pero, de este modo, se manifiesta como una experiencia "psíquica" o "espiritual", es un "pensamiento" transferido. Pero un "pensamiento transferido" es lo mismo que una información. Todo dolor y sufrimiento físico se manifiesta, así pues, aquí como una correspondencia viva y consciente entre el macroyo y sus microyo. Es una concentración conjunta de "miedo", "terror a la muerte", "aflicción" y "abatimiento" de los microindividuos del macroyo que directamente, de una manera más o menos automática, estos seres dirigen al más o menos conocido o desconocido macroindividuo, que es la suprema autoridad de su "universo" o "cosmos". Y de este modo vemos aquí que las dos realidades que conocemos con los conceptos "oración" y "Divinidad", esta última también designada como "Providencia", son verdaderamente fenómenos lógicos que, en la aparición automática aquí descrita, son el fundamento de toda manifestación "física". Porque de la misma manera que los tormentos de nuestros pequeños microindividuos llegan a conocimiento de nuestro yo como "dolor físico" y, con ello, se convierten en un factor regulador y profiláctico para el mantenimiento de la salud de nuestro organismo, lo cual en este caso quiere decir una "paz duradera" para nuestros microindividuos, nuestros tormentos, nuestro dolor, melancolía, terror a la muerte y atmósfera belicosa, también llega, en una onda de energía colectiva conjunta, a conocimiento del yo que constituye la autoridad suprema, unificadora y reguladora del organismo en el que nos encontramos como microseres.


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