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| Los resultados de la ciencia materialista proclaman efectos carentes de vida. La revelación de la presencia del yo tras toda creación y en cada ser |
671. Como todos los resultados o conclusiones de una ciencia materialista sólo pueden expresarse por medio de cifras, esto quiere decir que esta ciencia, por sí misma, sólo puede existir como un conjunto o acumulación de conocimientos sobre "grados" de efectos.
Pero la causa absoluta de estos efectos es un misterio para cada investigador que únicamente tiene una actitud materialista.
Es más, este investigador quizá niegue incluso la existencia absoluta de una causa así y con ello proclama, en realidad, que cada cosa se crea a sí misma.
Cataloga todos los resultados de su investigación y los define, ciertamente, como "causas", pero como éstas se muestran, al mismo tiempo, como "efectos", con respecto a los cuales se pueden encontrar nuevas "causas", que también se revelarán como "efectos", está en las mismas.
Su ciencia es sólo el conocimiento de un océano de efectos de los que nunca puede encontrar la causa, dado que las causas que son accesibles al conjunto de sus sentidos físicos siempre se revelarán como sinónimos de nuevos efectos.
Y su "ciencia de los números" será siempre lo mismo que una proclamación de efectos carentes de vida.
Es más, incluso con respecto al surgimiento de su propia identidad y de la identidad de sus semejantes cita "causas" que, en sí mismas, son efectos igualmente carentes de vida.
Las consecuencias de esto son que todo el universo es, en realidad, un inmenso desierto mental, una esfera sin vida, un reino de la muerte que lo abarca todo.
Es verdad que dice que él mismo y sus semejantes son "seres vivos", pero mientras sólo se imagine a sí mismo y a estos seres como efectos temporales de causas temporales, su conocimiento y su manifestación son, en realidad, una proclamación indirecta de la muerte en vez de la vida. No es extraño que la vida o existencia siga presentándose como un misterio para el hombre, mientras éste siga estando en esta esfera de pensamientos. Una idea que está tan en conflicto con todos los hechos más importantes jamás puede llegar a ser absoluta o a dominarlo todo. El ser vivo, que sólo puede existir en virtud de crear y pensar, es decir, de desencadenar movimiento, con lo cual la existencia se convierte en un océano de movimiento en el que este ser tiene que vivir, moverse y ser, no puede a la larga seguir imaginándose este movimiento como expresión de "muerte" y, en particular, no puede hacerlo porque tiene que seguir reconociendo el pensamiento y la voluntad de su propio yo como causa de su propia aparición. Día tras día, año tras año experimenta inevitablemente que la voluntad y el talento de su propio yo son la causa más profunda que actúa en la formación de su propia creación de movimiento o manifestación. Esta formación de movimiento o creación es lo que constituye la vida. Pero como esta formación sólo puede existir como un resultado de la voluntad y el talento de un yo, ninguna aparición y formación de movimiento puede existir en absoluto sin revelar la presencia de un yo así en la formación de toda creación o todo movimiento. Este yo se convierte así en la verdadera causa de las cosas. Pero esta causa no se puede expresar por medio de "resultados numéricos". Este yo no es nada temporal. No es idéntico a los efectos de una causa precedente. No puede, por consiguiente, haber sido creado. Sólo puede, por lo tanto, expresarse como "algo que es". Por medio de su voluntad y su talento se produce, por lo tanto, la formación de movimiento o lo que llamamos creación. Pero así se introduce algo en la creación o los movimientos que es más que resultados de pesos y medidas. Se introduce algo que hace que sean la manifestación de una determinada voluntad y un determinado talento. Pero movimiento o creación que manifiesta voluntad y talento sólo puede tener, claro está, como causa "algo" que puede querer y poder. Una causa así no puede sólo ser simplemente efectos temporales porque éstos, como se sabe, no pueden de ningún modo pensar y, por consiguiente, están impedidos tanto de querer como de poder. Un efecto es movimiento, pero el movimiento no puede pensar. En consecuencia, no puede desear, actuar ni experimentar. Pero cuando, no obstante, comprobamos que resulta que todos los movimientos de la naturaleza son expresión de voluntad, ya que manifiestan una creación lógica o útil, y aquí no se trata, claro está, sólo de los organismos humanos o de los cuerpos de los animales, sino que también vemos lógica, tanto en las creaciones vegetales como minerales, es evidente que las causas de las cosas o movimientos no pueden sólo y únicamente ser otros movimientos, sino que tiene que haber algo que está por encima de los movimientos. Algo que puede "pensar" y "experimentar" y, a partir de esto, "querer y poder". Este algo es el origen de las cosas. Es lo propiamente "vivo" de la existencia. Esto "vivo" es la causa absolutamente primera de las cosas. Y esta causa es la que constituye nuestro propio ente que expresamos con "la designación yo". Y, así pues, este yo es a lo que debemos nuestra manifestación como "un ser vivo". |
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