Lee y busca en El Tercer Testamento
   Apdo.:  
(639-1052) 
 
Búsqueda avanzada
Véase el símbolo nº 11 en nueva ventana    

 

Figura n.º 7 de la estrella – La causa sin causa   686. Llegando al sentimiento de individualidad hemos llegado, en realidad, a la esencia misma del misterio de la vida. Porque no hay nada que pueda aparecer en mayor grado como lo más profundo o central de este misterio que precisamente el yo. Todo lo que, por lo demás, podemos percibir o experimentar se encontrará innegablemente en mayor o menor grado en un estado periférico. Con la experimentación del yo hemos llegado a la verdadera causa del movimiento o del despliegue de energía y al proceso creador lógico, revelado por este movimiento o despliegue de energía que vemos por todas partes en la naturaleza, tanto fuera de nuestro organismo como dentro de él, tanto fuera del dominio de nuestra voluntad como dentro de éste.
      En la cadena de causas y efectos que constituye el segundo resultado básico del misterio de la vida no pudimos encontrar la causa absoluta de los efectos y movimientos, dado que resulta que todas las causas a que podemos llegar en esta cadena son, sin ninguna excepción, efectos de otras causas que, a su vez, tras una observación más detenida resulta que también son efectos, y así sucesivamente. Pero como los efectos o movimientos no pueden, claro está, crear o experimentar, sino que resulta que siempre son algo que, en último término, está sometido a una voluntad y a una lógica, nunca pueden ser idénticos a este "algo" que domina la lógica y la voluntad, cuya presencia se muestra necesariamente de una manera indirecta como una condición previa, necesaria y absoluta para todo tipo de manifestación, creación o movimiento. Este "algo" previo, condicionante es lo que provisionalmente en nuestra vida cotidiana expresamos de una manera puramente instintiva y por rutina como el yo, incluso todavía mucho antes de que hayamos pensado una sola vez de manera consciente en el análisis o existencia de este yo. Dicho yo es, así pues, "la primera" causa absoluta de todas las causas o efectos de nuestra propia existencia. Que es la primera causa se convierte en un hecho debido a que está por encima del movimiento o manifestación porque es "el algo" determinante de la voluntad tras el movimiento. Por sí mismo no puede, por consiguiente, estar determinado por una voluntad y se diferencia, por ello, de todos los movimientos o manifestaciones. No puede, tal como ellos, ser un producto de un pensamiento previo, sino que en sí mismo es "lo pensante", "lo creador", "lo manifestante". Como no puede ser un producto de ninguna causa previa, se ve obligado a existir como "la primera" causa absoluta y, de este modo, se diferencia de todas las otras formas de "causas" por ser "sin causa". Esta "causa sin causa" es el séptimo resultado básico del misterio de la vida, y está simbolizada en forma de estrella en la séptima figura del símbolo. El triángulo blanco significa el yo o ente en sí mismo. Este triángulo está enlazado, por medio de unos rayos violeta, a otra figura que ya conocemos de la figura n.º 2 de la estrella como la expresión de la normalmente conocida zona infinita de causa y efecto. Los rayos violeta simbolizan que el yo es la causa verdadera y más profunda de esta zona de causa y efecto. Las partes coloreadas expresan, simplemente, que esta zona de causa y efecto se extiende a la largo de los seis reinos de las energías básicas.
      Así hemos encontrado en nuestro propio yo una causa que jamás habríamos encontrado por medio de ninguna investigación puramente materialista. Es más, habría sido todavía más imposible de encontrar, puesto que nunca, en ninguna circunstancia, puede existir como un resultado de pesos y medidas. La investigación materialista no puede, claro está, conducir a otra cosa que a un conocimiento de un grado del efecto. Y el estudio de este grado del efecto sólo puede, en los casos más afortunados, llevar a la causa de este grado del efecto, del mismo modo que el estudio material de esta causa, también en el caso más afortunado, tampoco puede llevar jamás a otra cosa que a una revelación de esta causa como semejante a un nuevo grado del efecto, y así de manera continuando infinitamente, como anteriormente ya hemos mencionado.


Comentarios pueden mandarse al Martinus-Institut.
Información de errores y faltas y problemas técnicos puede mandarse a webmaster.