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Decimos "yo", "nosotros" y "nuestro". ¿Por qué el cerebro no puede ser el origen de la vida?   688. Nuestra experimentación de la vida da, indiscutiblemente, lugar a la impresión de que hay un centro que suma las reacciones del encuentro de nuestro organismo con las distintas influencias de la naturaleza o los fenómenos que llamamos impresiones sensoriales. Es un hecho inalterable que "nosotros" experimentamos "nuestras" propias impresiones sensoriales. "Nosotros" experimentamos nuestro encuentro con las reacciones de la luz por medio de "nuestros" ojos, del mismo modo que experimentamos las reacciones del sonido por medio de "nuestros" oídos y las reacciones del olor, el sabor, los sentimientos y los pensamientos por medio de los instrumentos sensoriales que, respectivamente, son adecuados para ello. ¿Quién o qué expresa este "nosotros" o "nuestro"? Si la facultad de experimentar sólo puede existir independientemente, estas expresiones carecen totalmente de sentido. Si no hay "algo" que ve, oye, huele, saborea, etc. no habría jamás nada que se llamase "nosotros" vemos, "nosotros" oímos, "nosotros" olemos o bien "yo" quise, "yo" no quise, "yo" corrí, "yo" experimenté, etc. Si sólo existiera la facultad de experimentar, las expresiones mencionadas: "nosotros", "nuestro" o "yo" sólo serían expresión de algo que no existiría en absoluto. Y nuestras expresiones cotidianas sobre nuestro propio yo serían la mentira más grande que se puede pronunciar. Pero, ¿para qué esta mentira sin sentido? La negación de la existencia de nuestro propio yo o ente, ¿no se muestra aquí como una superstición al cien por cien? ¿Por qué decir entonces "yo" cuando, al mismo tiempo, se quiere eludir o negar su existencia? Si este "yo" no existiera, no habría nada que viera, nada que oyera, quisiera o pudiera.
      Decir que el cerebro está combinado de una manera tal, que puede experimentar o percibir, manifiesta solamente que uno todavía está mentalmente inmerso en la interminable cadena temporal de causa y efecto. La facultad de percibir sólo es, en este caso, una combinación de efectos de los que el cerebro entonces tendría que ser la causa. Pero como resulta que el cerebro también es una realidad creada con el objetivo de cumplir un plan, además de ser por sí mismo una nueva combinación de efectos, debe ser indiscutiblemente reconocido como una realidad tan dependiente o inferior como la propia facultad de percibir o experimentar. En otras palabras, se revela a sí mismo como una función. Pero como es una función, al igual que sucede con la facultad de percepción no puede justificar el uso de la designación "yo". Y lo más correcto tendría que ser que, en vez de decir "yo", dijéramos: "la función" vio, "la función" oyó, "la función" experimentó, que a su vez quiere decir que "la experimentación" experimentó. Pero, ¿qué experimentó la experimentación? Pues claro, sólo pudo experimentar "la experiencia". Y en la existencia no habría nada más que eso.
      Que esto no cubre el conocimiento completo que el hombre terreno tiene de la verdad real de este problema se convierte en un hecho debido a que los seres usan aquí las expresiones "yo" o "nosotros", y tienen que seguir usándolas incluso al negar la existencia del yo. ¿Puede uno imaginarse una situación más comprometedora que aquella en la que un algo afirma no haber jamás existido o sido?


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