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Si el renacimiento no existiera la existencia sería la culminación de la injusticia. La perversidad sería la función normal de la naturaleza   740. Si el renacimiento no existiera, y los seres, de este modo, sólo existieran únicamente en su vida física terrena actual, el desarrollo de los talentos aquí estudiado no podría de ninguna manera tener lugar. Y que los seres, no obstante, se encuentren en estadios muy distintos no podría ser el resultado de su propia fuerza de actuación o manifestación. El ser que es más inteligente que otro, es más, que es un genio, no ha participado, en todo caso, con ninguna forma de esfuerzo o despliegue de voluntad propia en esta manifestación mental tan espléndida ni la ha merecido. Y el ser que ha nacido como heredero de un destino inmensamente luminoso y feliz, tanto por lo que se refiere a la economía, mentalidad y salud física y belleza, como al mimo de las personas que lo rodean, mimo a que da lugar una posición así con respecto al destino, tampoco tiene ningún derecho, surgido por su propia iniciativa, a un destino semejante. Así mismo nacen seres que del nacimiento a la tumba son herederos de un destino que es nada menos que un desencadenamiento de los horrores más refinados del mismísimo infierno, tales como un organismo en conjunto muy defectuoso o inválido con instrumentos de percepción, órganos y miembros más o menos inservibles o enfermos, o bien con una mente defectuosa que se manifiesta en forma de debilidad mental, idiotez y enfermedad mental y otras muchas formas de sufrimiento, dolor, miseria y desdicha, sin que estos seres hayan podido dar en absoluto lugar ellos mismos a la más ínfima forma de culpabilidad en lo tocante a su destino. Y la verdadera causa de esto tendría exclusivamente que ser una simple "transmisión por herencia" de los padres, es decir, surgida de "la nada" por medio de un mandato milagroso y misterioso de la Providencia. Y la vida misma o nuestra existencia diaria tendría, entonces, que ser la mismísima culminación de la injusticia sin manifestar de ninguna manera el más mínimo y microscópico aspecto de disculpa o justicia. Esto quiere decir que la vida en sí o la aparición de los seres sería una revelación del fenómeno más perverso que, en resumidas cuentas, uno puede imaginarse, es más, un fenómeno que sería tanto más horroroso, puesto que no podría demostrarse, como con la conocida perversidad, que se debe a una salud momentáneamente enfermiza o una función orgánica no natural, sino que sería la función creadora absolutamente normal de la naturaleza. ¿Hay alguien que pueda vivir con un conocimiento así o que se sienta bienaventurado con esta obra de la naturaleza?


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