Lee y busca en El Tercer Testamento
| Véase el símbolo nº 11 en nueva ventana |
| Negando la reencarnación, a las autoridades religiosas les falta el elemento lógico, intermedio que une los grandes resultados religiosos con la realidad. Una vida eterna tras la muerte no puede justificar los actuales sufrimientos inmerecidos de los seres, del mismo modo que una vida eterna no es nada que pueda surgir. La crucifixión de un ser inocente por los pecados de los culpables tampoco puede sustituir el elemento lógico que falta entre los resultados transmitidos y la verdadera vida, es más, incluso se mostrará cada vez más como algo que ensucia a la Divinidad que es pura y ama con amor universal | 745. Pero en medio de este proceso de descomposición de la iglesia, los resultados eternos siguen brillando inconmovibles para aquellos que tienen la facultad de verlos, y son igual de luminosos e inalterables que cuando salieron de la boca del gran ser que fue su origen. Y, en realidad, es esto lo que todas las partes litigantes en el fondo desean que tenga lugar. Pero con su todavía débil e incipiente explicación intelectual de la autenticidad de los resultados chocan todas estas partes con un muro aparentemente infranqueable. Este muro es la cuestión de la inmortalidad. Como en la religión cristiana de iglesia los seres no aprenden nada en absoluto sobre el renacimiento, es más, se niega directamente su existencia, aquí se ha quitado el elemento intermedio lógico que relaciona los resultados eternos con la realidad viva o el conjunto de experiencias de los seres que poco a poco crecen de una manera considerable. Y cuanto más intentan los sacerdotes o sirvientes autorizados de la religión negar este renacimiento, más desviarán su religión del camino luminoso del intelectualismo. Que en su temporal desamparo crean que pueden compensar esta desviación, hablando de una "vida eterna" tras la actual, no puede llevar nunca a los seres de nuevo a dicho camino intelectual, que es la base inconmovible de los resultados nombrados. Una "vida eterna" tras la muerte no puede justificar los sufrimientos actuales, totalmente inmerecidos, de los seres, aparte de que una "vida eterna" no es nada que pueda surgir. Una vida que puede surgir no puede ser eterna, sino que tiene que limitarse a ser una realidad temporal. Como todas las otras cosas temporales representará una edad. Tampoco podrá reparar las acciones actuales de los seres, que carezcan especialmente de amor hacia otros seres o que les aporten sufrimiento y muerte, que otro ser haya sido crucificado o castigado por estos pecados, además esta circunstancia no puede estar especialmente a favor de la Divinidad. Si ésta puede liberar a los hombres del castigo dejando crucificar a un ser concreto, ¿no puede liberar también a los seres del castigo sin esta crucifixión? Exigir que un ser inocente sea ofrecido para que los culpables puedan liberarse es una exigencia que no puede ser digna de un hombre terreno normal. ¿Cómo puede ser entonces digna de una divinidad? ¿No será acaso una débil voz del paganismo o la barbarie de tiempos pasados lo que todavía puede oírse aquí? |
Comentarios pueden mandarse al Martinus-Institut.
Información de errores y faltas y problemas técnicos puede mandarse a webmaster.
Síntesis