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| El concepto que el cristianismo de iglesia tiene del "infierno" y las consecuencias de ello | 897. Cuando el cristianismo de iglesia usa el concepto "infierno eterno" o "perdición eterna", estas expresiones tampoco son aquí verdades científicas en el sentido estricto de la palabra, sino al contrario fórmulas con las que este mismo cristianismo momentáneamente, mientras no conozca la reencarnación, tiene que cubrir todo el lado de la vida o del ser de Dios del que forma parte la creación de destino del hombre. Su concepto de "infierno" es, igual que su concepto de "cielo", que es algo que se encuentra más allá de la muerte física, que es un fenómeno espiritual o no físico. Su horizonte, con respecto a los seres, sólo va del seno de la madre al fin del organismo físico, después de lo cual los seres se despiden para siempre del mundo físico para adjudicarse una existencia celestial o espiritual que tiene que ser o una "condena eterna" o una "salvación eterna", según el comportamiento físico del ser haya sido a favor de "la condena eterna" o "la salvación eterna". Este mismo cristianismo sólo puede, por consiguiente, concebir "todo el castigo por los pecados" como algo que principalmente tiene lugar en el mundo espiritual o como siendo de naturaleza espiritual. Pero, de este modo, no puede de ninguna manera darles a sus seguidores una explicación de todos los sufrimientos físicos y de los destinos desgraciados. No puede de ninguna manera justificar por qué no todos los seres nacen con las mismas condiciones para la felicidad, sino que, al contrario, vienen al mundo en un estado muy distinto y desigual de felicidad, y el mundo físico, de este modo, carece totalmente de justicia para estos seguidores y sólo está dirigido por casualidades. Algunos seres vienen al mundo y, ya en el seno de su madre, encuentran un destino tan duro y desdichado que sólo les ofrece a estos seres en cuestión un estado tan desgraciado y doloroso, lleno de mutilaciones, invalidez, aflicciones y sufrimientos que mueren demasiado pronto, sí, sólo vienen en realidad al mundo para experimentar un único e inmenso doloroso proceso de muerte, mientras que el mismo mundo les ofrece a otros seres, desde el seno de su madre y hasta una vejez avanzada, una profusión de felicidad, alegría y amor, salud corporal, bienestar económico y una posición social elevada. Que tales fenómenos tienen que convertir la vida física, cotidiana en un misterio y producir confusión en la idea de justicia absoluta es, naturalmente, obvio. |
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