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| La parábola del hijo pródigo hace referencia a un estadio determinado del ciclo de espiral | 968. "Comer con los cerdos" no es aquí exactamente echarse al suelo y comer de su comedero. Un estado así podría incluso, en una situación determinada, ser una tabla de salvamento ante una acuciante muerte de hambre o sed. Harina, cereales y agua todavía son alimento para el hombre terreno en el mismo grado que lo son para los cerdos. Entonces, aunque no sea frecuente para el hombre terreno comer este alimento del comedero de los cerdos, sino al contrario que le sea servido "condimentado" de una forma especial, en platos limpios o fuentes, como "pasteles", "pan", "gachas" o cosas parecidas (una forma que el estómago de los cerdos también puede digerir perfectamente), no puede renunciar a comer, hasta cierto grado, el mismo alimento que los cerdos. Pero el hecho de ser una criatura cuyo estómago u órganos de digestión están en gran medida construidos o adaptados para ingerir el mismo alimento o productos alimenticios que el cerdo, hace de un cierto parentesco entre el primer ser y el cerdo un hecho. Como vemos aquí, esta parábola tan genial no expresa solamente el estado desaseado, pordiosero o empobrecido que, eventualmente, podría obligar a un presunto "vagabundo" a saciarse en el comedero de los cerdos, tal como el contenido de la parábola parece simplemente indicar a primera vista, sino que también expresa una fase mucho más profunda del proceso evolutivo del ser vivo, a saber, es el rasgo distintivo de una parte determinada del gran ciclo de la vida. Es nada menos la parte que conocemos por descripciones anteriores en esta obra con el concepto "reino animal". |
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Síntesis