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La parábola del hijo pródigo da una descripción inequívoca de quién es "el hijo pródigo"   969. El hijo pródigo se convirtió, así pues, en un ser que "comía con los cerdos". La parábola expresa, de este modo, este estado como la misma culminación, y con ello "el momento decisivo", de la ausencia del hijo de la casa paterna y desarmonía con el padre. Al "hijo pródigo" se le puede encontrar en su "momento decisivo" como un ser que "come con los cerdos", pero es inmensamente desgraciado a causa de su estado. Esto quiere decir, a su vez, que "el hijo pródigo" en "su momento decisivo" es un "animal" que es desdichado a causa de su estado "animal". Dado que el hombre terreno, como ya hemos indicado, es precisamente un ser que "come con los cerdos", pero prefiere no reconocer esta comunidad alimenticia o parentesco de organismos, es más, intenta incluso negar esto, en dicho ser hemos encontrado al verdadero "hijo pródigo". Negar el propio estado se debe principalmente a modestia o a orgullo. O bien uno no quiere reconocer su estado porque piensa que es demasiado distinguido en relación con aquel ser o aquellos seres con los que uno muy gustosamente quiere estar en armonía o contacto y, por consiguiente, con la negación busca modestamente esconder la diferencia de clase, de modo que no sea un impedimento para el compañerismo o armonía con dichos seres, o bien uno también niega el propio estado porque piensa que es demasiado simple con respecto al ser o a los seres con los que quiere estar de igual a igual. Uno se avergüenza directamente de sí mismo. La narración bíblica dice muy claramente que era el último estado el que agobiaba al "hijo pródigo". Dicha narración nos ha dado, así pues, una descripción inequívoca de este ser, que incluso es tan precisa o correcta que podemos señalar directamente, no sólo a la especie de seres de la que forma parte "el hijo pródigo", sino también a los individuos particulares de esta especie que directamente se conducen como idénticos al "hijo pródigo" de la narración divina. La parábola nos dice, así pues, no sólo que "el hijo pródigo" forma parte de la especie de seres que llamamos hombre terreno, sino también de qué clase de individuos de esta especie forma parte la persona principal de la narración inmortal. Según la misma narración, "el hijo pródigo" es un ser que se avergüenza de sí mismo. Esto quiere, por consiguiente, decir a su vez: un hombre terreno que está descontento con su naturaleza, sus hábitos, un ser que experimenta que "comer con los cerdos" es degradante, o sea, un ser que desea un "alimento mucho más elevado" y una existencia mucho más perfecta que la "animal".


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