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Por qué se produce la culminación de la experimentación tanto de la oscuridad como de la luz y sus efectos   974. Pero, ¿para qué esta profusión de saciedad? ¿Por qué se satisface, precisamente, hasta tal grado el deseo de luz o sol mental del hijo de Dios, que este sol convierte directamente su vida en un desierto en el que languideciendo tiene que gritar pidiendo ayuda? ¿Y por qué ve saciado su deseo de oscuridad o del "mal" con la misma profusión, de modo que aquí también experimenta el mismo estado de desierto y languideciendo tiene que gritar en busca de ayuda o liberación? ¿No sería más perfecto dejarle experimentar luz y oscuridad o lluvia y sol en una combinación permanente y tan adecuada que "el desierto" nunca pudiera surgir en su conciencia? No, ¿qué pasaría entonces? ¿Quién puede mostrar una forma más perfecta de estructura de la vida que la que, precisamente, existe? Cuando el individuo experimenta tanto luz como oscuridad con una profusión tal que estos dos fenómenos, cada uno en su periodo, culminan como funciones automáticas, o de ser "conocimiento-A" se han convertido en "conocimiento-B" y luego en "conocimiento-C", con lo que se han convertido en funciones automáticas totales de la supraconciencia y ya no siguen ocupando la conciencia diurna y, de este modo, ya no son pensamientos despiertos conscientes, con ello la conciencia diurna tiene necesariamente que ser, de modo correspondiente, pobre en pensamientos y tiene que faltarle material de que ocuparse. Pero una falta así es, claro está, lo mismo que hambre mental. Esta hambre mental surge, por consiguiente, tras toda experimentación de culminación, tanto de la luz como de la oscuridad. Tras la experimentación de la culminación de la luz, el hambre mental del ser sólo puede satisfacerse con los tipos de pensamientos que constituyen un contraste a la luz y, por ello, forman parte de la desarmonía u oscuridad, del mismo modo que sucede lo contrario tras la experimentación de la culminación de la oscuridad, en que el hambre entonces sólo puede saciarse con tipos de pensamientos que constituyen un contraste a la oscuridad o desarmonía. De este modo, la humanidad terrena ha pasado más o menos la culminación de la experimentación de la oscuridad y, por consiguiente, tiene, en grado correspondiente, mayor o menor hambre de paz, de armonía, de luz. La oscuridad ya no puede seguir saciando el hambre mental de la humanidad terrena. Anhela todo tipo de contraste a la oscuridad. Y la luz es ahora la meta fuertemente deseada de su lucha. Pero si no se le hubiera permitido experimentar la oscuridad en tan alto grado como precisamente es el caso, nunca habría alcanzado a ampliar el horizonte de su conciencia diurna despierta con conocimientos sobre lo mucho que, en realidad, valen la luz y la armonía o paz.


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